|
De villanos a estadistas
Sergio
I. Moya Mena ¿Quién dice que la redención no es posible? Dos ejemplos recientes en la política internacional demuestran que sin importar cuan escabroso sea el pasado, siempre hay una posibilidad de “redimirse” con la ayuda de las amistades adecuadas. El líder libio Muammar al-Gaddafi recibió hace pocos días la visita de la Secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice, señal inequívoca de que ya no se le considera como un paria de la política internacional. El coronel Gaddafi fue durante mucho tiempo señalado como el “principal promotor mundial del terrorismo”. El ex presidente norteamericano Ronald Reagan le llamaba “el perro loco de Medio Oriente” y ordenó el bombardeo de Libia en dos ocasiones en los años ochenta. Al gobierno de Gaddafi se le responsabilizó -entre otras cosas- del atentado contra el vuelo 103 de Pan Am Airlines en 1988, en el que murieron 243 pasajeros. Libia fue sometida a severas sanciones por parte de las Naciones Unidas que aislaron al país del exterior. Pero en 1999 Gaddafi reconoció su responsabilidad y aceptó compensar a las víctimas. Además, renunció a su programa de armas químicas, biológicas y nucleares y suministró datos sobre los nuevos países proliferadores de armas nucleares.
El otro caso es el de Asif Ali Zardari, viudo de la ex primera ministra de Pakistán Benazir Bhutto. Este oscuro personaje fue electo recientemente presidente del país y ha recibido el cálido apoyo de países como EE.UU y el Reino Unido. Poco parece importar que a Zardari se le conocía como “Mr. 10%”, en referencia a las comisiones (sobornos) que exigía en cada negocio gubernamental cuando su esposa estaba en el poder, que pasó once años en prisión acusado de corrupción, que fue acusado de asesinar a su cuñado, que un magistrado suizo lo encontró culpable de “lavar” 10 millones de dólares y que un reporte del New York Times en 1998 señalaba que Zardari habría acumulado una fortuna de $1.5 billones en sobornos[1]. Las circunstancias geopolíticas del sur de Asia hacen que todo esto resulte ahora pecata minuta. Cuando Pakistán se convierte en el principal escenario de la llamada “guerra contra el terror”, Zardari es la pieza que los sectores neoconservadores de los EE.UU necesitan, no es casualidad que apenas asume funciones como presidente, se revela que el presidente Bush ha autorizado incursiones militares dentro del territorio de Pakistán. Así es, algunas veces los pecados se lavan con relativa facilidad. Siempre hay una segunda oportunidad para redimirse e integrarse a ese selecto grupo de gobernantes “moderados” que pasan a ser piezas fundamentales en el ajedrez de las grandes potencias. Los casos de Zardari o Gaddafi no son nuevos en la región. De hecho, en la controversial historia de Medio Oriente abundan los ejemplos. Haber sido líder del Irgun, una organización terrorista judía responsable de la muerte de centenares de inocentes en los años previos al establecimiento del Estado de Israel, no impidió que Menachem Begin recibiese el Premio Nobel de la Paz en 1978. El villano, el déspota deviene en “estadista”, a veces con la misma facilidad con que el “colaborador” o el amigo se convierte en la más grande encarnación del mal. Basta recordar el cálido apretón de manos de diciembre de 1983 entre el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld (a la sazón enviado especial de Reagan) y el dictador Saddam Hussein, que en esa época era un aliado fundamental en la región, especialmente en la contención de la Revolución Islámica iraní; o el presidente Reagan recibiendo en Washington a los líderes mujahidins de Afganistán (antecesores directos de los talibanes) y ensalzándolos como “guerreros de la libertad”. ¿Poca memoria histórica o grosero oportunismo? Parece ser una combinación de ambos factores. En todo caso, queda la esperanza de que, si la impunidad prevalece, sea la historia la encargada de juzgar.
[1] B. Stephens. Pakistan's Next President Is a Diaster. The Wall Street Journal. September 3.. 2008.
contacto | artículos de Sergio Moya Mena | enlaces | Altermundo articulos | filosofía de Abya Yala | consejo editorial | pueblos originarios © wiphala.org - San José, Costa Rica. Apartado postal 109-7050 Cartago
|