Unidad palestina… una vez más   

 

Sergio I. Moya Mena

Profesor, Escuela de Relaciones Internacionales

Universidad Nacional, Costa Rica

 Comentario leído en  el Noticiero En Contexto de Radio Universidad, el 28 de mayo de 2011

El pasado 4 de mayo se suscribió en El Cairo un pacto de reconciliación y unidad que –teóricamente- pone fin a una división entre Fatah y el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas, las principales facciones palestinas, enfrentadas desde 2006, cuando Hamas ganó las elecciones parlamentarias y fracasó el intento de conformar un gobierno de unidad nacional. Ambas organizaciones llegaron incluso a librar una breve guerra civil en 2007, lo cual perjudicó severamente la unidad nacional palestina, indispensable para reactivar cualquier perspectiva de un Estado independiente.

Negociado en secreto y ratificado con la presencia del Presidente de la Autoridad Palestina y  líder de Fatah, Mahmoud Abbas y el máximo líder político de Hamas, Khalid Meschal, este pacto, que apunta a la creación de un gobierno de unidad nacional y la realización de elecciones tanto en Cisjordania como en Gaza en un plazo de un año, se produce en un momento decisivo en la historia de Medio Oriente. Para el pueblo palestino el clamor democrático y cívico que sacude a la región hacia insostenible la división existente entre Gaza y Cisjordania, gobernadas respectivamente por Hamas y Fatah. Los esfuerzos pasados encaminados a superar las diferencias entre ambas organizaciones habían fracasado debido a diversos factores, incluyendo la desconfianza mutua, las diferencias políticas, las injerencias foráneas y las diferencias políticas e ideológicas.

En el pasado, los esfuerzos por reconciliar a las distintas facciones palestinas fueron iniciativa de algunos gobiernos árabes, como el Acuerdo de La Meca, patrocinado por Arabia Saudita en 2006.  Resulta un hecho muy significativo que la demanda de reconciliación ha partido en esta ocasión desde la sociedad palestina: dirigentes cívicos, activistas políticos, personalidades independientes y especialmente de los jóvenes que, encontrando inspiración en los ejemplos de Túnez y Egipto, se han congregado en instancias como el Movimiento 25 de Marzo, que ha venido organizando manifestaciones a favor de la unidad en las principales ciudades palestinas.

 Los líderes palestinos parecen haber reaccionado a esa presión popular y han entendido la necesidad de fortalecer el proyecto de un destino común, especialmente cuando en septiembre Mahmoud Abbas pedirá formalmente a las Naciones Unidas el reconocimiento de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967, incluyendo Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza.

El acuerdo es producto de factores internos y externos. Tanto Fatah como Hamas experimentan presiones del exterior que les han empujado a pactar. Por un lado para Fatah, la caída de Hosni Mubarak en Egipto y Zine al-Abidine en Túnez, le ha dejado sin dos de sus principales padrinos regionales, mientras que la creciente oposición que enfrenta el presidente sirio Bashar al-Asad -uno de los patrocinadores regionales de Hamas- coloca en una situación incómoda a la organización islamista.

El patrocinio egipcio confirma un notable cambio de dirección en la diplomacia del Cairo. Apenas dos meses después del derrocamiento de Hosni Mubarak, el nuevo gobierno egipcio ya se ha apuntado un éxito al patrocinar la firma de este acuerdo y además ha anunciado que abrirá el paso fronterizo de Rafah, lo cual aliviará la situación de los habitantes de la Franja de Gaza.

Israel ve el acuerdo con preocupación pues históricamente ha tratado de sacar provecho de las divisiones entre los palestinos. Así, no es extraño que el Primer Ministro Benjamín Netanyahu haya afirmado que el acuerdo “es una gran victoria para el terrorismo y un duro golpe para la paz”, o que su gobierno haya anunciado medidas económicas punitivas contra los palestinos, como la retención de $88 millones de dólares en impuestos aduaneros y otros fondos palestinos que debe entregar según los Acuerdos de Oslo de 1993.

El acuerdo de unidad constituye un impulso decisivo al proyecto de autodeterminación de los palestinos. Sin embargo, pese a la buena voluntad expresada por las partes en El Cairo, persisten muchas interrogantes respecto a la viabilidad del acuerdo, pues las diferencias entre Hamas y Fatah siguen siendo profundas. Uno de los temas polémicos será la integración de las fuerzas de seguridad de ambas facciones que han operado como rivales en los últimos años. Hasta el presente, las fuerzas de seguridad de Fatah han sido entrenadas y equipadas por los Estados Unidos para combatir a las de Hamas y frecuentemente colaboran con las fuerzas de ocupación israelíes. Integrar ambas fuerzas será sin duda una tarea complicada. Otro asunto controversial que plantea interrogantes es la realización de las elecciones generales, cuya viabilidad es cuestionable en un marco de ocupación militar y represión política.

En general, es previsible que esta nueva iniciativa de unidad palestina enfrente muchos desafíos, pero el paso dado puede ser, no sólo un avance fundamental para la reconciliación, sino también para la paz con Israel. Por más intransigente que siga siendo la línea política del gobierno de Netanyahu, por más obstáculos que siga poniendo al entendimiento con los palestinos, como el avance de la colonización de Cisjordania o la judaización de Jerusalén, los israelíes deberán entender, no sólo que ninguna paz duradera será posible si sólo incorpora a la mitad de los palestinos y que la paz se hace sólo con los enemigos. Como lo ha dicho Saeb Erekat, ex negociador en jefe palestino, “los que quieren la paz y quieren la democracia deben apoyar la reconciliación palestina”.

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