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Unidad
palestina… una vez más Sergio I. Moya Mena Profesor,
Escuela de Relaciones Internacionales Universidad
Nacional, Costa Rica El pasado 4 de mayo se suscribió en El Cairo un pacto de
reconciliación y unidad que –teóricamente-
pone fin a una división entre Fatah y el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas,
las principales facciones palestinas, enfrentadas desde 2006, cuando Hamas ganó
las elecciones parlamentarias y fracasó el intento de conformar un gobierno de
unidad nacional. Ambas organizaciones llegaron incluso a librar una breve
guerra civil en 2007, lo cual perjudicó severamente la unidad nacional
palestina, indispensable para reactivar cualquier perspectiva de un Estado
independiente.
En el pasado, los esfuerzos por reconciliar a las
distintas facciones palestinas fueron iniciativa de algunos gobiernos árabes,
como el Acuerdo de La Meca, patrocinado por Arabia Saudita en 2006. Resulta un hecho muy significativo que la demanda
de reconciliación ha partido en esta ocasión desde la sociedad palestina: dirigentes
cívicos, activistas políticos, personalidades independientes y especialmente de
los jóvenes que, encontrando inspiración en los ejemplos de Túnez y Egipto, se
han congregado en instancias como el Movimiento 25 de Marzo, que ha venido
organizando manifestaciones a favor de la unidad en las principales ciudades
palestinas. Los líderes
palestinos parecen haber reaccionado a esa presión popular y han entendido la
necesidad de fortalecer el proyecto de un destino común, especialmente cuando
en septiembre Mahmoud Abbas pedirá formalmente a las Naciones Unidas el
reconocimiento de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en
1967, incluyendo Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza. El acuerdo es producto de factores internos y externos. Tanto
Fatah como Hamas experimentan presiones del exterior que les han empujado a
pactar. Por un lado para Fatah, la caída de Hosni Mubarak en Egipto y Zine al-Abidine
en Túnez, le ha dejado sin dos de sus principales padrinos regionales, mientras
que la creciente oposición que enfrenta el presidente sirio Bashar al-Asad -uno de los patrocinadores regionales de
Hamas- coloca en una situación incómoda a la organización islamista. El patrocinio egipcio confirma un notable cambio de
dirección en la diplomacia del Cairo. Apenas dos meses después del
derrocamiento de Hosni Mubarak, el nuevo gobierno egipcio ya se ha apuntado un
éxito al patrocinar la firma de este acuerdo y además ha anunciado que abrirá
el paso fronterizo de Rafah, lo cual aliviará la situación de los habitantes de
la Franja de Gaza. Israel ve el acuerdo con preocupación pues históricamente
ha tratado de sacar provecho de las divisiones entre los palestinos. Así, no es
extraño que el Primer Ministro Benjamín Netanyahu haya afirmado que el acuerdo
“es una gran victoria para el terrorismo y un duro golpe para la paz”, o que su
gobierno haya anunciado medidas económicas punitivas contra los palestinos,
como la retención de $88 millones de dólares en impuestos aduaneros y otros
fondos palestinos que debe entregar según los Acuerdos de Oslo de 1993. El acuerdo de unidad constituye un impulso decisivo al
proyecto de autodeterminación de los palestinos. Sin embargo, pese a la buena
voluntad expresada por las partes en El Cairo, persisten muchas interrogantes
respecto a la viabilidad del acuerdo, pues las diferencias entre Hamas y Fatah
siguen siendo profundas. Uno de los temas polémicos será la integración de las
fuerzas de seguridad de ambas facciones que han operado como rivales en los
últimos años. Hasta el presente, las fuerzas de seguridad de Fatah han sido
entrenadas y equipadas por los Estados Unidos para combatir a las de Hamas y
frecuentemente colaboran con las fuerzas de ocupación israelíes. Integrar ambas
fuerzas será sin duda una tarea complicada. Otro asunto controversial que
plantea interrogantes es la realización de las elecciones generales, cuya viabilidad
es cuestionable en un marco de ocupación militar y represión política. En general, es previsible que esta nueva iniciativa de unidad palestina enfrente muchos desafíos, pero el paso dado puede ser, no sólo un avance fundamental para la reconciliación, sino también para la paz con Israel. Por más intransigente que siga siendo la línea política del gobierno de Netanyahu, por más obstáculos que siga poniendo al entendimiento con los palestinos, como el avance de la colonización de Cisjordania o la judaización de Jerusalén, los israelíes deberán entender, no sólo que ninguna paz duradera será posible si sólo incorpora a la mitad de los palestinos y que la paz se hace sólo con los enemigos. Como lo ha dicho Saeb Erekat, ex negociador en jefe palestino, “los que quieren la paz y quieren la democracia deben apoyar la reconciliación palestina”. |