Riesgo
de crisis y rupturas Marcos Matías Alonso ALAI-AMLATINA 03/08/2005,
México DF- El año 2005 ha sido sumamente complicado
para el movimiento indígena latinoamericano. En algunos
países, la relación de los pueblos indígenas
con los Estados nacionales sigue siendo conflictiva. En el
escenario internacional y regional el panorama tampoco es halagador.
Esta nota de reflexión hace énfasis en tres
procesos recientes que amenazan la unidad de los pueblos indígenas
de América Latina. Asomarse a la crisis, ruptura y
división entre los líderes y los representantes de
los pueblos indígenas, nos debe obligar a tomar las mejores
decisiones con serenidad y privilegiando el interés supremo
de nuestros pueblos indígenas.
El pasado mes de abril, se abrió un debate sobre el receso o suspensión temporal del Grupo de Trabajo Intersesional del proyecto de Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Parte del epicentro de la contienda la protagonizó el Consejo Internacional de Tratados Indios (CITI) y, entre otros, por la Conferencia Circumpular Inuit y la Fundación Tebtebba. La primera corriente de organizaciones planteó el receso o suspensión temporal y la segunda por la renovación del mandato del Grupo de Trabajo Intersesional. En la toma de decisiones de las diversas instancias del sistema de las Naciones Unidas, optaron por la segunda estrategia. Las dos corrientes de organizaciones indígenas internacionales buscaron respaldos y apoyos de adhesión a su postura hacia diversas regiones del mundo. Decenas de organizaciones indígenas de América Latina inclinaron su solidaridad hacia una de las dos opciones. La falta de capacidad para superar la polarización de posiciones puso en riesgo la ruptura del movimiento indígena latinoamericano. En casos extremos, varias organizaciones indígenas llegaron a manifestar su apoyo simultáneo a las dos posiciones. Ello ocurrió con algunos líderes indígenas de México y de Abya Yala. Desde México, exhortamos oportunamente al movimiento indígena internacional a superar las posturas divergentes y trabajar sobre un planteamiento de consenso. También sugerimos valorar la experiencia para no repetir los mismos errores en el escenario regional e internacional. Asimismo, recomendamos al cónclave de líderes indígenas que participan en los procesos de negociación en el sistema de las Naciones Unidas, hacer todos los esfuerzos necesarios para evitar la amenaza de fisuras que atentan con la unidad de visiones y posiciones de consenso. Un espectáculo de confrontación entre líderes indígenas nos lleva a perder la escasa fuerza política construida durante largos años de ardua lucha. No podemos darnos el lujo de arruinar la esperanza de nuestros pueblos.
La crisis de la Coordinadora
de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica
(COICA) estalló con la celebración simultánea
de su VII Congreso General en dos sedes de manera simultánea. Del 20 al 25 de junio, algunas organizaciones miembros de COICA se movilizaron para celebrar su VII Congreso General en Guyana Francesa. Los delegados debaten la agenda, toman sus acuerdos y deciden nombrar a un nuevo Consejo Directivo, encabezado por Jocelyn Therse, como Coordinador General en sustitución de Sebastiao Manchinery. A sólo dos días después de la celebración del Congreso de la COICA en Guyana, otras organizaciones miembros, con plenos derechos en la COICA, también se reúnen del 27 de junio al 1º de julio para realizar su VII Congreso General en Santa Cruz de la Sierra Bolivia. La noche del 30 de junio, los delegados asistentes a la reunión dan lectura al Acta del Congreso y toma juramento de su nuevo directorio para el período 2005 al 2009. Nombran como Coordinador General de COICA a Egberto Tavo Chipunavi, ex presidente de CIDOB y originario del pueblo cavineño. También sustituye a Sebastiao Manchinery. En los países del área de influencia de COICA y a nivel internacional, reina la confusión sobre la legitimidad y legalidad del nuevo interlocutor institucional. Las organizaciones indígenas amazónicas atraviesan una crisis severa. En menos de seis meses estallaron sus divisiones; sus organizaciones se encuentran confrontadas y su propia coordinación general tiene dos Consejos Directivos con estructura de mando paralelo. Ante esta situación, debemos preguntarnos: ¿Es una batalla fratricida en la cual se ensayan estrategias de escisión para ser aplicadas en otras regiones indígenas de Abya Yala? ¿Estamos ante un plan transnacional para destruir el movimiento indígena en América Latina? ¿Es un problema local o hay fuerzas internacionales y geopolíticas interesadas en expandir el mercado mundial en el Amazonas? Rodrigo de la Cruz, uno de los brillantes intelectuales indígenas con mayor conocimiento del Amazonas y la COICA reflexiona sobre algunos de los temas anteriores: "Las estrategias
geopolíticas de los organismos internacionales y los países
desarrollados con respecto a la cuenca amazónica, apuntan
a que se sienten las condiciones políticas y jurídicas
favorables para la explotación irracional de los recursos
naturales estratégicos, como son los hidrocarburos, las minas,
la biodiversidad, la madera, el agua y los conocimientos ancestrales
de los pueblos indígenas. La construcción de
ejes viales claves en la cuenca amazónica y la declaratoria
de los llamados corredores biológicos, son solamente un ejemplo
de esta realidad y que paradójicamente estos se encuentran
en los territorios indígenas. eses como pueblos, se planteaban las posiciones políticas en temas como de áreas protegidas, recursos genéticos, la propiedad intelectual, manejo de bosques, hidrocarburos y minas". Luis Macas, otro destacado intelectual indígena y presidente de la CONAIE, considera que hay un "perverso plan de división de las organizaciones indígenas de América Latina., para arrebatarnos las principales fuentes de agua dulce del planeta, yacimientos petroleros, minerales y los recursos de la biodiversidad". No duda en considerar que los principales enemigos de los pueblos indígenas amazónicos son empresas petroleras transnacionales y los diversos acuerdos de integración económica que los gobiernos locales y extraregionales impulsan en los territorios indígenas. Estos son algunas de las razones principales para debilitar a una de las principales organizaciones regionales. Desarmar a la COICA es suprimir una de las organizaciones más fuertes en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas amazónicos y de América Latina. Enmudecer a la COICA es apagar una voz que defiende a los amazónicos de la depredación y saqueo de sus recursos estratégicos. Condenar a la COICA a una guerra de líderes indígenas contra líderes indígenas, es provocar que se devoren unos contra otros. Hacer a un lado a la COICA de la región amazónica es abrir el mercado a las transnacionales y a la comercialización de tierras, bosques y aguas. En memoria de los grandes
líderes que fundaron a la COICA, no deben permitir que el
escenario anterior ocurra despiadadamente. Aliento cierta confianza para que la COICA tenga la capacidad de procesar y resolver el conflicto que lo azota. Debe retomar el liderazgo regional que lo caracterizó por más de dos décadas y volver a enarbolar las grandes demandas de los pueblos amazónicos. Han sido pocos días, semanas y meses desde la agudización de su crisis global y ya se siente el vacío que está dejando en el Amazonas y en la esfera internacional. La COICA no debe prolongar su ausencia en los complejos temas de debate nacional, regional e internacional. Que los grandes Dioses los ilumine y ayude a encontrar el camino y salgan de la crisis en que se encuentran sumidos. Las crisis, rupturas y conflictos son dolorosos, pero ayudan a depurar el cuerpo social para volver a nacer con una renovación, reforma y reestructuración institucional con mayores y nuevos bríos. Ojalá que ello ocurra. Ver texto completo en http://alainet.org/active/8881
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