El renacimiento del sueño bolivariano Tariq Alí Daniel
Ortega, bendecido por la iglesia, flanqueado por un antiguo contra
como su vicepresidente y aún detestado por el embajador de
los Estados Unidos, puede ser una débil sombra de lo que
fue, pero su victoria refleja sin ninguna duda el deseo de cambio
de los nicaragüenses. ¿Podrá Managua seguir las
políticas redistributivas radicales de la antiimperialista
Caracas, o se reducirá a la retórica y seguirá
siendo un cliente del Fondo Monetario Internacional? La
victoria de Ortega llega en un momento en que América Latina
sigue avanzando. Ha habido algunas manifestaciones espectaculares
de la voluntad popular en Porto Alegre, Caracas, Buenos Aires, Cochabamba
y Cuzco, por citar unas pocas ciudades. Manifestaciones que han
ofrecido una nueva esperanza al mundo sumido en un sopor neoliberal
(Estados Unidos, la Unión Europea y el lejano Oriente), o
que sufre la depredación militar y económica del nuevo
orden (Irak, Palestina, Líbano, Afganistán, Sur de
Asia). Chávez fue elegido por primera vez presidente
de Venezuela en febrero de 1999, 10 años después de
una insurrección popular contra el plan de ajuste del FMI,
insurrección que había sido brutalmente aplastada
por Carlos Andrés Pérez, el partido del cual era uno
de los más grandes de la Internacional Socialista. En su
campaña electoral, Pérez había denunciado a
los economistas en nómina del Banco Mundial como “genocidas
de trabajadores en pago al totalitarismo económico”, y al
FMI, como “una bomba de neutrones que mataba a la gente, pero dejaba
a los edificios en pie”. Después,
[Pérez] cedió a las demandas de ambas instituciones,
suspendió la constitución, declaró el estado
de emergencia y ordenó al ejército que acribillase
a los manifestantes. Más de 2.000 personas pobres fueron
asesinadas por disparos de las tropas. Este fue el momento fundacional
de la agitación bolivariana en Venezuela. El
grueso del pueblo que eligió a Chávez estaba furioso
y resuelto. Se había sentido sin representación en
10 años; había sido traicionado por los partidos tradicionales;
rechazaba con firmeza unas políticas, las neoliberales, que
se traducían en un ataque a los pobres en sostén de
una oligarquía parasitaria y de una burocracia civil y sindical
corrupta. Esta mayoría del pueblo rechazaba el uso que se
daba a las reservas de petróleo del país. Rechazaba
la arrogancia de la elite venezolana que utilizaba la riqueza y
el color claro de la piel para sostenerse a sí misma a expensas
de la mayoría pobre y de piel oscura. La elección
de Chávez fue su venganza. Cuando
quedó claro que Chávez estaba decidido a hacer modestos
cambios en la estructura social del país, Washington tocó
a rebato. Nunca el rencoroso fanatismo procedente de estos
grupos había sido tan evidente como en sus acciones
y propaganda contra Venezuela, al frente de las cuales se pusieron
Financial Times y The Economist en una masiva campaña de desinformación. Están
unidos por sus prejuicios contra Chávez, cuyo advenimiento
al poder fue visto como una insana aberración, porque las
reformas sociales basadas en las rentas del petróleo –sanidad
gratuita, educación y alojamiento para los pobres— eran vistas
como una vuelta a los malos viejos tiempos, un primer paso hacia
el camino que lleva al totalitarismo. Chávez
nunca ocultó su política. Los dos Simones del siglo
XVIII (Bolívar y Rodríguez) le habían enseñado
una lección bien simple: no servir a los intereses de otros;
realizar su propia revolución política y económica;
y unir América del Sur contra todos los imperios. Este fue
el núcleo de su programa. En
una alocución hecha en la Habana en 1994 Chávez expuso:
“Bolívar dijo una vez que ‘la gangrena política no
puede ser curada con paliativos’, y Venezuela de todo punto corroída
por la gangrena… No hay forma de que el sistema pueda curarse por
sí mismo… el 60% de los venezolanos vive en la pobreza… en
20 años, más de 200.000 millones de dólares
se han evaporado. ¿Dónde está el dinero?, me
preguntó el presidente Castro. En las cuentas en bancos extranjeros
que tienen casi todos los que han estado en el poder en Venezuela…
el siglo que viene es un siglo de esperanza; es nuestro siglo, es
el siglo en que el sueño bolivariano renacerá”.
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