El
país quiere al obispo del pueblo
Vicky Pelaez
ldiariony.com
“Con los pobres de la tierra /
Quiero yo mi suerte echar/ El arroyo de la sierra/ Me complace más
que el mar”. —José Martí, 1881 Los vientos de cambio que soplan en América
Latina ya alcanzaron al Paraguay. Hasta hace poco se le consideraba
como un país detenido en el tiempo porque sus leyes y estructuras
socio-económicas y políticas siguen siendo las mismas
que impuso el sanguinario general Alfredo Stroessner y su Partido
Colorado (ANR) aún en el poder pese a la muerte en el exilio
del gran amigo de Pinochet. Sin embargo, como por un milagro, apareció
a fines del año pasado un obispo llamado monseñor
Fernando Lugo que dijo ya basta, “algo tiene que moverse también
en Paraguay”. Apenas terminada la Navidad, anunció
en conferencia de prensa que decidía “colgar la sotana” para
poder competir como candidato presidencial en las próximas
elecciones del 2008. Explicó que lo hace por el pedido de
un foro de dirigentes sociales, sindicales, campesinos e indígenas
que recolectaron más de 100,000 firmas de apoyo. Lugo pidió
al pueblo que “ejerza con coraje su condición de soberano
y que se sume, sin temor, a esta gran cruzada para limpiar la República
de la maleza perversa que la condenó a esta situación
de abandono”. Durante 10 años, como obispo de San
Pedro, la región más pobre, palpó día
a día la pobreza, la injusticia y el abandono del Estado.
Paraguay es uno de los países más pobres en América
Latina. Más de dos millones, de sus 6,505.464 habitantes,
abandonaron el país y sus remesas se convirtieron en “salvavidas”
para la economía nacional. Más de 60 por ciento del
los que se quedaron están en categoría de pobres y
de ellos el 32 por ciento viven en extrema pobreza. Siendo
un país ubicado en la zona del reservorio de agua dulce más
grande del mundo - el 30 por ciento de la reserva del planeta, actualmente
unos 2 millones de paraguayos no tienen acceso al servicio de agua
potable. Tampoco poseen la tierra ya que el 80 por ciento de la
tierra cultivable está en manos de latifundistas. A la vez,
debido a los tratados amarrados, de sus gobernadores, Paraguay como
productor de energía eléctrica en la región
percibe migajas de sus vecinos. Brasil, por ejemplo, le paga 250
millones de dólares al año por la energía eléctrica
mientras que debería de aportar 1,880 millones de dólares.
Cansado de injusticia social, monseñor Lugo se solidarizó
con los pobres de San Pedro y orientó a los campesinos a
luchar contra el abuso, organizando tomas de tierra, produciendo
por supuesto la furia del otro enemigo de los pobres: El Vaticano.
Así, el 2004 el Papa Juan Pablo II le mandó a lo que
se llama el “retiro prematuro”. Fue enviado a enseñar a un
colegio católico donde tuvo más tiempo para meditar
y analizar los cambios que se producían en América
Latina. Viendo la experiencia de Venezuela y Bolivia,
monseñor Lugo se dio cuenta que “Paraguay no podía
seguir siendo una isla en la región y tenía que estar
a la altura de los acontecimientos. No vamos a desentonar”.
En marzo de 2006 encabezó una marcha de protesta de
unas 40,000 personas en Asunción contra la política
del presidente Napoleón Duarte. Liberado de la “soga” del
Vaticano al rechazar su orden de alejarsae de la política,
ya ex monseñor Lugo habló de la reforma agraria, de
la necesidad de recuperar la soberanía energética
y de expulsar a los “militares extranjeros, es decir norteamericanos,
de la zona de La Triple Frontera. Los poderosos no han
tardado en reaccionar. Los curas y poderosos les acusan de ser “reencarnación
de Lucifer”, de estar ‘loco’, ‘mentiroso’, ‘hipócrita’, ‘cínico’
etc. El Vaticano también aumentó su presión
y le amenaza con excomulgarle si no se retira de la política.
Igualmente, el Tribunal Electoral y la Corte de Justicia han puesto
en marcha preparativos para un fraude electoral, según denuncia.
Ante el avance en las encuestas y sus planteamientos, las amenazas
de muerte tambien han crecido. Sin embargo, el obispo de los pobres
sigue firme en su lucha y dice: “cambiar el modelo económico
para revertir los graves desequilibrios que sufre el país
donde la mayoria se debate en la miseria más escandalosa
que como cristiano no puedo aceptar”.
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