Los editoriales del Wall Street Journal y la respetabilidad académica Mike Whitney 28/10/07 La página editorial del Wall Street Journal es la avanzadilla del fanatismo de la derecha extrema en EEUU. Es menos un foro para el debate abierto, que un semillero de ideas tóxicas, socavadoras de las instituciones democráticas. Día tras día, ofrecen un pizarrón repleto de piezas de opinión extremista en defensa de uno u otro absurdo. Típicamente, los artículos convergen en los dos asuntos de capital importancia para todos los conservadores: la guerra y los impuestos. Resulta asombrosa la cantidad de variaciones que pueden llegar a hacerse del mismo tema manido. Los conservadores desconfían por instinto de las ideas, de manera que han creado una plataforma que les permite arropar sus reaccionarias opiniones con una jerga de resonancias académicas, sin la menor intención real de ponerse al día en materia de política social. Diríase que hay una reserva infinita de fanáticos sectarios del “lado de la oferta” de la era Reagan y de charlatanes tertulieros de think-tank, más que prestos a promover el tópico du jour, cualquiera que sea. Sirviéndose de celebridades derechistas como fijadores de criterio, el Wall Street Journal consigue elevar los argumentos más vulgares e insensatos a niveles de respetabilidad. Y ése es el objetivo: lograr que el chovinismo más terco y obtuso parezca políticamente ilustrado. Por lo común, los editoriales ponen proa contra cualquier regulación restrictiva de la industria o contra cualquier ley que proteja al ciudadano. Los artículos se eligen al gusto de un puñado de mandarines granempresariales de opiniones coincidentes respecto de “cómo habría que organizar el mundo”. En otras palabras, se trata de una “cámara de resonancia” de la clase inversora. Por eso la izquierda y los progresistas están obligados a prestarle atención. Porque los hombres que cotidianamente rigen los destinos del mundo no tienen recato en manifestar expresamente lo que nos tienen reservado. ¿No vale el precio de una suscripción enterarse de eso? Estos últimos días, el Wall Street Journal ha publicado artículos en defensa de Exxon y contra la multa de 2.500 millones de dólares por daños y perjuicios dictada por la sección novena de la Corte de Apelación, a causa de las fugas masivas de petróleo en Alaska hace dos décadas. También han lanzado una cargante defensa del juez Robert Bork, supuesta víctima de una caza de brujas izquierdista. Han proporcionado defensa jurídica a los marines de la “orgía de sangre” en Haditha; otra campaña en defensa del extorsionista Banco Mundial, una emotiva súplica para “salvar los recortes fiscales de Bush”, y, por supuesto, un artículo de más de 1.500 palabras –el máximo permitido— zascandileando con la tesis de que “la victoria en Irak es posible”, firmado por Michael Ledeen, un neocon chiflado. El lunes 22 de octubre, el Wall Street Journal sacó un artículo de David Rivkin (“Getting Serious about Torture” –La tortura, en serio—), en el que, en substancia, viene a defenderse el tratamiento “cruel, inhumano y degradante” de los sospechosos de terrorismo por la vía de relativizar el significado de esos términos. (¿No es sorprendente que las cuestiones relativas a la tortura empezaran a surgir desde que Bush tomó posesión del cargo?) Como dice Rivkin: “Las palabras cruel, inhumano y degradante, el que una determinada técnica de interrogatorio represente o no un shock para la conciencia, depende mucho de las circunstancias”. Desde luego, David, todo es relativo, ¿verdad? ¿Qué tal “sacar un ojo? ¿También puede valer? ¿Os acordáis de las campañas que solían lanzar los conservadores contra el “relativismo moral”? Entonces parecía una cuestión de principio. Ahora se ve que era un alarde huero. Al final de su artículo, Rivkin nos recuerda: “No hay barra libre. Los interrogatorios coercitivos han sido claves en la prevención de atentados en suelo americano después del 11 de septiembre”. Realmente. Me suena a defensa un pelín vehemente de la tortura. ¿Me he perdido algo? No hay teoría demasiado delirante ni demasiado obscena para las páginas editoriales del Wall Streey Journal, a condición de que se compadezca bien con la mentalidad derechista de sus lectores. Por sólo un dólar, cualquiera puede conseguir asiento en el campo enemigo y prestar oídos. A mí no me parece un mal trato. Mike Withney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.
contacto | artículos de Sergio Moya Mena | enlaces | Altermundo articulos | filosofía de Abya Yala | consejo editorial | pueblos originarios © wiphala.org - San José, Costa Rica. Apartado postal 109-7050 Cartag
|