Posibilidades y límites de la diplomacia árabe Sergio I. Moya Mena La Prensa Libre 10-4-07
Históricamente, la Liga Árabe ha estado más asociada al fracaso que al éxito. Las rivalidades y el conflicto han carcomido la unidad de los árabes durante buena parte de los últimos cuarenta años y son pocas las victorias diplomáticas que se pueden atribuir a esta organización que agrupa a 22 naciones. No obstante, la reciente cumbre de la Liga llevada a cabo en Riyadh, podría constituir un punto de inflexión importante en la política de Medio Oriente. Como un hecho verdaderamente inédito, el rey saudita Abdullah, ha admitido en su discurso inaugural que, si bien Occidente no es ajeno al “desastre” de los árabes, éste es responsabilidad de los gobernantes, cuyas disputas han sido la causa de la pérdida de confianza en la propia capacidad de los árabes para resolver sus problemas. Otro dato destacable, es la consolidación del protagonismo de Arabia Saudita como potencia regional, que asume la iniciativa en materia diplomática frente al declive de Egipto como voz de los árabes moderados y el ascenso indiscutible de Irán. Los sauditas ya se habían anotado un éxito diplomático al patrocinar el acuerdo político palestino entre Hamas y Fatah, que posibilitó la constitución de un gobierno de unidad nacional. Igualmente, intervinieron en Líbano a fin de acabar con el estancamiento político entre el gobierno y Hezbollah y han iniciado el diálogo directo con Irán, su principal rival en la región. Ahora, pretenden consolidar un perfil político más incisivo y autónomo, aunque esto implique distanciarse de los Estados Unidos, cuya presencia en Irak ha sido calificada como “ilegítima” por el propio el rey Abdullah. El aspecto más relevante de la cumbre ha sido el relanzamiento de la propuesta presentada originalmente en la cumbre árabe del 2002, que ofrece a Israel el reconocimiento de los países árabes a cambio de un repliegue de los territorios ocupados desde 1967, la solución al problema de los refugiados y la creación de un Estado Palestino. Este plan constituye la más sensata iniciativa después de que la Hoja de Ruta amparada por Naciones Unidas, la Unión Europea, EE.UU. y Rusia se había estancado. Aunque los árabes han alcanzado un inusitado consenso
tras esta propuesta e incluso la Unión Europea ha manifestado
su apoyo, hacer que los EE.UU. e
Israel acepten la iniciativa árabe, después de haberla
rechazado en el pasado, no será nada fácil. Sin embargo,
la coyuntura actual podría favorecer un cambio de actitud
en ambos países. La inefectividad de las políticas neo-conservadoras ha hecho que en los últimos meses EE.UU. haya tenido que revisar sus opciones en Medio Oriente, evidenciando la necesidad del apoyo árabe para solucionar el problema iraquí. EE.UU. necesita también ese apoyo para hacer frente a las pretensiones nucleares de Irán y su creciente influencia en el Golfo Pérsico. Además, una vez que las confrontaciones entre Hamas y Fatah han cesado (gracias a la intervención saudí), los EE.UU. ya no pueden usar la división palestina como pretexto para apoyar todos los argumentos israelíes para evitar compromisos políticos. Todo esto, podría eventualmente incitar a los EE.UU. a favorecer una solución menos unilateral del problema árabe–israelí. ¿Puede la Administración Bush contar con el capital político para ésto después de su estrepitoso fracaso político-diplomático en Medio Oriente? Resulta dudoso, pero la intensa actividad diplomática de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice en la región, demuestra que Bush busca un éxito diplomático relevante con el cual terminar su presidencia. No se debe olvidar que el anterior presidente Bill Clinton impulsó el proceso de paz de Camp David entre israelíes y palestinos en el séptimo año de su presidencia y que George Bush (padre) convocó a la Conferencia de Paz de Madrid al final de su periodo. En cuanto a Israel, no cabe duda que seguir negando los derechos de los palestinos y continuar ocupando ilegalmente tierras árabes con el pretexto de la “seguridad”, se hará cada vez más difícil, pues precisamente, la oferta árabe se presenta como garantía de completa seguridad si Israel la acepta. No obstante, no parece factible que el gobierno de Ehud Olmert, acosado por cargos de corrupción y con una popularidad del 4% de los israelíes, acepte la propuesta. Por el momento, Olmert ha respondido invitando a los países árabes moderados liderados por Arabia Saudita a “discutir el tema”, pero nada más. Eventualmente, Israel podría aceptar la iniciativa árabe, pero sólo como base de negociación, que sería más o menos aceptar el principio de retirada de los territorios ocupados para luego empezar el “regateo” con los árabes sobre las etapas de la retirada y las fronteras definitivas, lo cual desvirtuaría por completo el espíritu de la propuesta. Todo como parte de la vieja táctica israelí de dilatar los acuerdos a fin de sonsacar más concesiones a los árabes, tal y como hicieron con los palestinos, hasta dejarlos contra la pared y con las manos vacías. Esto es precisamente lo que la comunidad internacional no debería tolerar más. Se trata de una inusual oportunidad que debería ser apoyada decididamente por todos aquellos que tengan un genuino interés por una paz justa y duradera en Medio Oriente
contacto | artículos de Sergio Moya Mena | enlaces | Altermundo articulos | filosofía de Abya Yala | consejo editorial | pueblos originarios © wiphala.org - San José, Costa Rica. Apartado postal 109-7050 Cartago
|