Seamos libres, lo demás no importa Sergio Moya Mena Slovo 2-3-2005 El pasado 17 de enero en su comparencia ante el Senado, la nueva Secretaria de Estado de los Estados Unidos Condoleeza Rice, afirmó que el Presidente Hugo Chávez de Venezuela es “una fuerza negativa en la región”. Calificó de "extremadamente desafortunada" la postura de Chávez hacia Estados Unidos, censuró sus relaciones con el presidente cubano Fidel Castro y amenazó al gobierno bolivariano con sanciones en el marco de la Organización de Estados Americanos, tras argumentar “supuestas” interrupciones a la institucionalidad democrática venezolana. Nunca como antes había sido tan explícita la diplomacia norteamericana para señalar a Venezuela como su principal obstáculo en la región, lo cual augura un clima de permanente confrontación entre los dos países. ¿Por qué los EE.UU. encuentran tan amenazante al gobierno de Chávez y lo consideran “tan mal ejemplo” para el resto de Latinoamérica? ¿Encabeza realmente Chávez un proceso revolucionario, capaz de extenderse al resto del continente? La consolidación del poder Después de triunfar en nueve procesos electorales seguidos (un fenómeno sin precedentes en la historia reciente de Latinoamérica), un intento de Golpe de Estado y un Referéndum Revocatorio ganado abrumadoramente, Chávez se ha fortalecido lo suficiente como para iniciar un cambio en la balanza de la política continental, al promover un modelo político y social que rechaza al neoliberalismo y cuestiona la hegemonía norteamericana en la región. En el ámbito interno, Chávez ha profundizado las reformas económicas y sociales: por primera vez en ese país, la inmensa riqueza petrolera se está destinando -al menos parcialmente- a mejorar las condiciones sociales de los millones de venezolanos que históricamente habían sido marginados del progreso económico y la participación política. En los últimos dos años se ha alfabetizado a casi dos millones de personas; casi 100.000 jóvenes se han incorporado a la educación superior y tan sólo en el 2004, se atendieron 50 millones de citas médicas gratuitas. Otro avance interesante ha sido la Ley de Tierras, que ha permitido la distribución de 2.2 millones de hectáreas a cooperativas de campesinos sin tierra. Antes de que Chávez hiciera uso de la palabra en el pasado Foro Social Mundial de Porto Alegre, Ignacio Ramonet (Director de Le Monde Diplomatique) lo presentó como “el primer dirigente latinoamericano que le paró los pies a los poderes neoliberales, que detuvo las privatizaciones y que optó por darle el poder a los humildes”. En su alocución, Chávez se manifestó abiertamente por una “transición al socialismo” y resaltó la existencia una nueva correlación de fuerzas en América Latina y en el mundo, “en la que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad”. Una apreciación sin duda demasiado optimista, que matizó reconociendo que, en el marco de la globalización “no hay salidas nacionales, sólo globales”, una idea que recuerda el debate entre Stalin y Trotsky sobre la lucha por el socialismo en los años treinta. El mandatario venezolano también afirmó -en clara respuesta a Rice- que “la fuerza más negativa en el mundo el día de hoy es el gobierno de los EE.UU.” Ahora bien, más allá de sus audaces políticas sociales y su florida retórica ¿qué tan lejos ha llegado Chávez? ¿Se ha verificado una verdadera ruptura con el neoliberalismo? Venezuela sigue manteniendo un sistema capitalista, eso sí, con una fuerte presencia estatal en la economía y especialmente en el petróleo (la empresa estatal PDVSA maneja un presupuesto anual de más de 15.000 millones de dólares). Chávez no siquiera ha dejado de pagar la deuda, pero por lo menos ha sugerido que en lugar de seguir pagando a los acreedores, se inviertan recursos en salud y educación, estableciendo al mismo tiempo un fondo humanitario internacional como substituto del Fondo Monetario Internacional. Un hecho novedoso, ha sido la implementación de un control de cambios que impide la especulación contra la moneda nacional y limita la evasión de capitales. Venezuela y los EE.UU: socios y enemigos Cuando la Secretaria de Estado Rice, afirma que Chávez es un mal ejemplo para el continente, se refiere sin duda al hecho de que el proyecto bolivariano se ve cada día con más simpatía por lo movimientos sociales y los indígenas de Latinoamérica, interesados en impulsar firmemente un proceso de integración autónomo y conformar un polo regional de desarrollo y de progreso que pueda mermar el poder imperial de los Estados Unidos en la región. Aquí es donde Chávez quizás ha ido más lejos. Es el único presidente democráticamente electo que ha rechazado la iniciativa norteamericana del Área de Libre Comercio de las América (ALCA), proponiendo en su lugar la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA). Ha sido el único que ha censurado las recientes aventuras imperialistas de los EE.UU.; el único que ha tendido la mano a Cuba rompiendo prácticamente con el bloqueo a que la isla es sometida por los EE.UU. Chávez ha propuesto el establecimiento de la Telesur (Televisión del Sur), una cadena para toda la región que venga a romper el monopolio de CNN, lo mismo que PETROAMERICA, una empresa que uniría a todas las empresas petroleras públicas del continente; entre otras muchas iniciativas integracionistas. Fracasado el intento norteamericano de desestabilizar a Chávez apoyando a la raquítica oposición venezolana, la estrategia parece pasar ahora por utilizar a Álvaro Uribe -su aliado incondicional y Presidente de Colombia- contra Chávez. EE.UU. ha pretendido ligarle (sin pruebas) a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, (a las que considera como una organización terrorista) y le acusa de financiar al movimiento de los cocaleros (productores de hoja de coca) de Bolivia, que se oponen a los planes de erradicación de este cultivo y a la privatización del gas natural y el agua; y a los indígenas de Ecuador, país en el que el gobierno de Lucio Gutiérrez se tambalea en medio de una profunda crisis social y política y en el que no se descarta la instauración de otro gobierno de ideología bolivariana. Una evidencia de la estrategia anti-Chávez ha sido la captura en Venezuela del dirigente político de las FARC, Rodrigo Granda, quien fue secuestrado por ex-militares venezolanos sobornados por los servicios de inteligencia colombiana. El hecho, que constituyó una clara violación a la soberanía venezolana y a la Ley Internacional, recuerda al tristemente célebre Plan Cóndor, a través de la cual los servicios secretos de las dictaduras del Cono Sur colaboraban entre sí para secuestrar a los opositores izquierdistas en los años setenta. Venezuela protestó airadamente congelando las relaciones con Colombia, mientras que este país recibía toda la solidaridad de los EE.UU. La tensión diplomática provocada por esta crisis, se vino a incrementar cuando Fidel Castro advirtió que los EE.UU. planeaban la muerte de Chávez. Paradójicamente, Venezuela y los EE.UU. mantienen una estratégica relación económica. El país sudamericano tiene reservas estimadas entre 77 billones y 1 trillón de barriles y es el cuarto proveedor de petróleo de la potencia, una relación que ambos gobiernos no parecen estar dispuestos a alterar. ¿Hasta donde el proyecto bolivariano de Chávez es un modelo de exportación? ¿Es Venezuela el escenario de una nueva utopía latinoamericanista? El futuro de la revolución bolivariana dependerá de la capacidad del pueblo venezolano de defender sus conquistas y de la capacidad de su presidente para consolidar ese nuevo equilibrio de fuerzas a nivel regional que empieza a aflorar en Latinoamérica. Al finalizar su participación en Porto Alegre, Chávez finalizó su discurso afirmando: “seamos libres, lo demás no importa”. La espada de Bolivar parece levantarse de nuevo, lo mismo que la pluma de José Martí.
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