¿Progresos en Irak?

Sergio I. Moya Mena
La Prensa Libre, 25 de junio de 2008

           Hace unos días el director de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, Michael Hayden, anunciaba “una derrota estratégica casi total de Al Qaeda en Irak”. La derrota de la organización terrorista, a quien las autoridades norteamericanas responsabilizan de la mayoría de los atentados terroristas en Irak, teóricamente supondría una victoria para el Gobierno del Presidente George W. Bush y un “progreso” significativo en los planes norteamericanos en la región. Sin embargo, teniendo en cuenta el historial de anuncios rimbombantes sobre la guerra en Irak (“Misión cumplida”, Bush, 5-1-2003 o “las tropas van a ser recibidas como libertadores”, Dick Cheney, 16-3-2003), conviene ser más precavido a la hora de sacar conclusiones.

    SattarBlogFuneral.jpg (108534 bytes)        Uno de los principales argumentos de quienes señalan “avances” en Irak, es el descenso en el número de bajas norteamericanas. En efecto, el promedio mensual de muertes norteamericanas en los primeros cinco meses del 2008 fue de 36, mientras que en el mismo periodo en el 2007, fue de 95. Esto se debería, principalmente, al hecho de que los Estados Unidos han incrementado las operaciones aéreas en vez del uso de tropas en tierra y de que ahora arma y paga a líderes tribales iraquíes para que combatan a Al Qaeda. Esto sin mencionar el papel que juegan las 170 empresas de mercenarios que operan en Irak, como la tristemente célebre Blackwater, cuyas bajas no se contabilizan. Sin estas empresas, la ocupación norteamericana simplemente sería imposible.

            Aunque la violencia no es tan intensa ahora y menos soldados norteamericanos están muriendo, esta tendencia no puede obviar que, en la consideración global del conflicto, 1.3 millones de iraquíes han muerto, 4.7 millones han sido desplazados, el nuevo estado no funciona y la economía esta destrozada.

            A esto se suma otro problema que posiblemente tiene un carácter irreversible: el  resquebrajamiento de la unidad nacional. Aunque a través de la historia la relación entre sunitas,  chiítas y kurdos no ha sido fácil, al menos antes de la invasión ambas comunidades convivían en relativa paz. En términos de organización los iraquíes son una sociedad tribal y muchas de las más grandes tribus del país comprenden sunitas y chiítas. Los vecindarios mixtos eran comunes en Bagdad y tanto chiítas como sunitas solían rezar indistintamente en las mezquitas de una u otra de las sectas. Los habitantes del país se definían primero como “iraquíes” antes que pertenecientes a alguna secta o grupo étnico. Según un estudio elaborado por el Pentágono y divulgado por The Washington Post, iraquíes de todas las confesiones culpan a la invasión norteamericana de las diferencias violentas entre ellos.[1]

            La ocupación, al pulverizar todas las instituciones anteriores a la invasión: ministerios, policía ejército, así como a la sociedad civil, ha dejado como únicos interlocutores posibles para reconstruir el sistema político a los líderes religiosos, lo que ahora hace de Irak un país profundamente separado por las divisiones sectarias. Una situación que no parece fortuita. Se trataría -una vez más- de la puesta en marcha por parte de los EE.UU. de la vieja táctica neo-colonial del “divide e impera”: por un lado la potencia sostiene al chiíta Nuri Al-Maliki como un gobernante títere y sin poder real; por otro lado se neutraliza al mayor foco de resistencia chiíta, el Ejército Mahdi, eliminando o arrestando a sus principales jefes militares y apoyando a sus rivales (también chiítas) de la Organización Badr. Al mismo tiempo EE.UU. le paga $300 mensuales a cada miliciano del movimiento sunita Al-Sahwa para que combata a Al Qaeda. A estas tácticas divisionistas hay que agregar el apoyo que los EE.UU. brindan al Partido Democrático del Kurdistán y a la Unión Patriótica del Kurdistán, que juntos sostienen un gobierno autónomo en el norte del país.

            Este panorama de división y anarquía es lo que “justificaría” una presencia prolongada de los EE.UU. en Irak. Según el periodista Patrick Cockburn del diario londinense The Independent, el Presidente Bush estaría presionando al Gobierno de Maliki con el congelamiento de $50 mil millones de dólares de dinero iraquí en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, si no firma una “alianza estratégica” que le garantizaría a los EE.UU.[2] el uso de 50 bases militares en Irak, impunidad para realizar operativos militares y “anti-terroristas”, así como el control del espacio aéreo por debajo de los 29.000 pies. Un acuerdo que el ex Primer Ministro Ibrahim Al-Jafari ha calificado como “una humillación”.[3] Así es, los ocupantes llegaron para quedarse, independientemente de lo que ahora opine quienquiera que vaya a ser el próximo inquilino de la Casa Blanca.

            La situación general impediría evidentemente hablar de “progresos” en Irak, al menos si los objetivos originales de la invasión eran “liberar” a los iraquíes de la tiranía y “extender la democracia y la libertad”, pero como seguramente estas nunca fueron las motivaciones genuinas, no es ocioso empezar a considerar que Irak seguirá siendo un estado disfuncional mientras la ocupación persista.


Notas

[1] http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/12/18/AR2007121802262_pf.html

[2] http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/revealed-secret-plan-to-keep-iraq-under-us-control-840512.html

 

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