Los precandidatos y su política exterior: Rudolph Giuliani

 

Sergio I. Moya Mena

La Prensa Libre  7-1-08

Si el candidato republicano Rudolph Giuliani no llega a la Casa Blanca, posiblemente el evento más memorable de su carrera política habrá sido el fuerte liderazgo que evidenció luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando era alcalde de Nueva York. Un desempeño que le proyectó como figura política nacional.

Descendiente de inmigrantes italianos y formado bajo una estricta educación católica que, en algún momento, lo tentó a hacerse sacerdote, Giuliani es un personaje autoritario, moralista y carismático, con posibilidades de convertirse este año en el candidato republicaAunque las tesis neoconservadoras en política exterior están fuertemente debilitadas debido a los fracasos de la Administración Bush, casi todos los precandidatos republicanos insisten en cerrar filas alrededor de su cuestionado presidente. La razón: Los demócratas van a la cabeza en casi todas las encuestas, de manera que se hace imprescindible mantener la fidelidad de ese núcleo conservador del electorado, que constituye el corazón del Partido Republicano. Este es el caso de Giuliani, que se ha rodeado de un equipo de asesores que incluye a algunos de los más destacados representantes del neoconservadurismo, como Norman Podhoretz, quien ha popularizado la tesis de que Estados Unidos enfrenta una IV Guerra Mundial contra el “islamo-fascismo”, lo que justificaría -entre otras cosas- bombardear Irán. Otro de sus asesores es Daniel Pipes, quien sugiere establecer un perfil racial de los musulmanes en los EE.UU.

Las propuestas de Giuliani en política exterior son una mezcla de enfoques conservadores con tesis realistas. Como casi todos los precandidatos republicanos, el tema de la seguridad nacional constituye el eje central de su perspectiva. El “terrorismo islámico” es visto como la principal amenaza para la civilización occidental. Este desafío implica que los EE.UU. no pueden ceder ni un centímetro hasta obtener “la victoria en la guerra global contra el terrorismo” y que los líderes de Al-Qaeda capturados o asesinados. En el caso de Irak, sacar las tropas de este país sería -según Giuliani- tan nefasto como lo fue abandonar Vietnam del Sur a merced de los comunistas en 1972.

Giuliani parece adherirse al mismo esquema de unilateralismo que ha causado tanto daño a George W. Bush. Su postura hacia Naciones Unidas resulta muy inquietante. Según el ex alcalde, este organismo ha resultado irrelevante para solucionar casi cualquier disputa en los últimos 50 años y, si los EE.UU necesitan una diplomacia fuerte, ésta, no puede ser una herramienta que sus enemigos manipulen. Por eso, en el caso de Irán no se puede descartar el uso de la fuerza para destruir sus instalaciones nucleares. El referente de esta diplomacia dura contra este país y otros ubicados en el “Eje del Mal”, es el ex presidente Ronald Reagan, quien igualmente, hablaba del “Imperio del Mal” refiriéndose a la Unión Soviética.

En el ámbito militar, los EE.UU. deben reconstruir su capacidad defensiva ante los nuevos desafíos. Eso implica -entre otras cosas- ir hacia delante con un programa de defensa de misiles, aumentar en 10 las brigadas de combate, mejorar la capacidad de los submarinos y bombarderos de largo alcance y, en el ámbito multilateral, ampliar la OTAN a cualquier país que comparta sus principios, lo cual es una clara alusión a países como Israel, al que Giuliani considera como “la única avanzada de la libertad y la democracia en Medio Oriente”. Giuliani ha desestimado la pertinencia de un Estado Palestino que pudiera “apoyar al terrorismo” y no ve diferencias entre el presidente palestino Mahmoud Abbas y el grupo Hamas..

En materia comercial, Giuliani se presenta como un activo defensor del libre comercio y del impulso a las negociaciones multilaterales de la Ronda de Doha de la OMC, pero como alcalde, es preciso recordar que manifestó preocupaciones por los efectos laborales del NAFTA en la economía norteamericana.

Respecto al medio ambiente, Giuliani reconoce que el cambio climático es una realidad y que debería hacerse algo al respecto pero, como consultor independiente, son públicos sus nexos con varias compañías petroleras.

Finalmente, aunque América Latina es probable no llegue a ser una de sus prioridades como presidente, Giuliani reconoce el ascenso de la izquierda en algunos países de la región como un “retorno a los fracasos del pasado,” frente a la apuesta por el libre mercado que han hecho países como Colombia, México y Perú, cuyos gobiernos sin duda, recibirían atención prioritaria de llegar a la presidencia. Las referencias a los latinos no parecen trascender el mero oportunismo electoral y en este sentido, apuesta -tal y como lo han hecho los últimos 10 inquilinos de la Casa Blanca- a que la muerte de Fidel Castro pueda representar “el tránsito de Cuba a la libertad”. Un mensaje claramente dirigido a los cubano-norteamericanos.

La propuesta de Giuliani representa continuidad con el Gobierno de Bush y eso precisamente representa su principal obstáculo hacia la Casa Blanca en un momento en el que los electores parecen inclinarse al cambio.

 

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