Geopolíticas
del conocimiento, interculturalidad y descolonialización
Catherine Walsh
Coordinadora académica del
Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos,
y Coordinadora del Taller Intercultural,
Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador.
Geopolíticas
del conocimiento y legados coloniales
Tal vez la forma más
concreta al iniciar una consideración sobre el significado
de la geopolítica es a partir de la imagen del mundo que
se construye. ¿Cuál es la representación que
construye sobre el norte y el sur, sobre las regiones económicamente
poderosas con relación a las regiones “otras”, especialmente
al llamado ‘Tercer Mundo’?.
Las palabras críticas
de Eduardo Galeano revelan mucho sobre el problema geopolítico,
pero también geohistórico presentes en esta representación:
Hasta el mapa
miente. Aprendemos la geografía del mundo en un mapa
que no muestra el mundo tal cual es, sino tal como sus dueños
mandan que sea. En el planisferio tradicional, el que se usa
en las escuelas y en todas partes, el Ecuador no está
en el centro, el norte ocupa dos tercios y el sur, uno. América
Latina abarca en el mapamundi menos espacio que Europa y mucho
menos que la suma de Estados Unidos y Canadá, cuando
en realidad América Latina es dos veces más grande
que Europa y bastante mayor que Estados Unidos y Canadá.
El mapa, que nos achica, simboliza todo lo demás. Geografía
robada, economía saqueada, historia falsificada, usurpación
cotidiana de la realidad del llamado Tercer Mundo, habitado
por gentes de tercera, abarca menos, come menos, recuerda menos,
vive menos, dice menos. (en Lander, 2000).
Desde hace siglos, los pueblos
indígenas de las Américas han pensado el mundo de
otra forma, con el sur arriba y el norte abajo. ¿Cómo
esta construcción y representación del mundo, evidenciada
en este mapa titulado “501 años de cabeza abajo” podría
cambiar nuestra visión del mundo, de la gente y del conocimiento
producido por ella?.
La activista y poeta estadounidense
Adrienne Rich ha argumentado que un lugar en el mapa también
es un lugar en la historia (citado en Walsh, 2002). Por eso, hablar
de la geopolítica no sólo hace referencia al espacio
físico -es decir, el lugar en el mapa- sino también
a los espacios históricos, sociales, culturales, discursivos
e imaginados – “los espacios epistemológicamente diagramados”
(Mignolo, 2000), que ofrecen la base para las subjetividades (identidades)
políticas, la diferencia no sólo étnica sino
colonial, y las luchas que se construyen en relación a ellas.
En las espacialidades de la geopolítica se forman, negocian,
transgreden fronteras y se desarrollan el poder y la política,
tanto en territorios nacionales como transnacionales. También
aquí se generan, producen y distribuyen conocimientos (Walsh,
2002).
El conocimiento tiene una
relación y forma parte integral de la construcción
y organización de lo que podemos llamar el sistema mundo.
Es decir, la “historia” del conocimiento está marcada geo-históricamente,
geo-políticamente y geo-culturalmente; tiene valor, color
y lugar “de origen”. Un ejemplo claro se encuentra en el pensamiento
del reconocido filósofo Immanuel Kant. Kant argumentó
en los siglos 18 y 19, que la única raza capaz de progreso
en el proceso educacional de las artes y las ciencias era la “blanca”
europea. Al establecer un cuadro jerárquico de color de la
piel, de superior a inferior, localizando los “rojos” y “negros”
en los peldaños más bajos, Kant dio al conocimiento
no sólo un lugar, sino también un color – la blancura
(Eze, 2001).
El pensamiento (eurocéntrico
y racista) de Kant encuentra sus bases en América Latina
en lo que el peruano Aníbal Quijano llama la colonialidad del poder y del saber. Al establecer patrones de poder
basados en una jerarquía racial y en la formación
y distribución de identidades sociales – blancos, mestizos
y, borrando las diferencias históricas de pueblos y nacionalidades,
en las identidades comunes y negativas de “indios” y “negros” y,
a la vez, promover una subordinación letrada de estas últimas
como gente que no piensa, la colonialidad del poder instaló
una diferencia que no es simplemente étnica y racial, sino
colonial y epistémica, una diferencia que se hace evidente
en el programa de televisión “Este Lunes”, de la ex canciller
Dra. Nina Pacari al frente de Jorge Ortiz, sigue operando en el
Ecuador hoy en día. De esta manera, la colonialidad
del poder va pasando al campo de saber, descartando la noción
del indígena como intelectual, como alguien que puede intervenir
directamente en la producción de conocimiento. Y como parte
esencial de esta colonialidad del saber, se mantiene la hegemonía
del eurocentrismo como única perspectiva de conocimiento.
Tal vez el ejemplo más concreto se encuentra en las ciencias
sociales, fundadas en Europa en los siglos 18-19 principalmente
para apoyar y fortalecer la construcción de los Estado-Nación.
El hecho de que las ciencias sociales se construyeron en las lenguas
modernas de conocimiento y colonialización (inglés,
francés y alemán) y se ocuparon en y con la realidad
de los 5 países occidentales más poderosos económicamente
(Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, EE.UU.), demuestra
lo que implica la geopolítica del conocimiento en acción.
Pero quizás la mayor
consecuencia de la geopolítica del conocimiento es poder
comprender que el conocimiento funciona como la economía:
está organizado mediante centros de poder y regiones subordinadas
- los centros del capital económico también son los
centros del capital intelectual. Por eso, y todavía, la producción
intelectual en América Latina y peor en el Ecuador, tiene
poco peso en el mundo. Pero hay un problema adicional. Y eso es
la manera que el discurso de la modernidad creó la ilusión
de que el conocimiento es abstracto, des-incorporado y des-localizado,
haciéndonos pensar que el conocimiento es algo universal,
que no tiene casa o cuerpo, ni tampoco género o color. Es
este mismo discurso de la modernidad que también crea la
necesidad, desde todas las regiones del planeta, a “subir” a la
epistemología de la modernidad; es decir, a cercarnos desde
América Latina al modelo eurocéntrico como el único
válido del progreso en el campo del saber. La autora Jean
Franco usa la metáfora del cuerpo para explicar esta relación
colonial e imperial – la cabeza que piensa está en el norte,
mientras que el cuerpo que actúa (y que ejerce las funciones
biológicas-corporales) está en el sur.
Hablar de las geopolíticas
del conocimiento, entonces, es reconocer la naturaleza hegemónica
de la (re)producción, la difusión y el uso del conocimiento,
no simplemente como ejercicio académico, sino como parte
fundamental del sistema-mundo capitalista y moderno, que a la vez
y todavía, es colonial.
La interculturalidad
como proyecto político, ético y epistémico
Como bien sabemos, la interculturalidad
ha sido desde los años 90, uno de los principios ideológicos
del proyecto político de la CONAIE, con miras hacia la transformación
de las actuales estructuras y hacia la construcción del Estado
Plurinacional. Pero mientras que el sentido social y político
de la interculturalidad es evidente tanto en el discurso del movimiento
como en sus iniciativas, especialmente en las prácticas actuales
de varios gobiernos locales alternativos, no queda tan evidente
lo que implica pensar la interculturalidad como una política
epistémica que busca enfrentar y transformar los viejos diseños
coloniales del poder y del saber.
Lo que me interesa aquí
es ampliar nuestro entendimiento de la interculturalidad en torno
a lo que podemos llamar su “giro epistémico”. A poner énfasis
en la noción de la “interculturalidad epistémica”
como práctica política y como contra-respuesta a la
hegemonía geopolítica del conocimiento; como una forma
“otra” de pensamiento desde la diferencia colonial, necesaria para
la construcción de un mundo más justo.
Más que un discurso,
la interculturalidad dentro de las iniciativas indígenas
representa y marca una política cultural, un pensamiento
de oposición dirigido a la transformación socio histórica
y estructural, una lógica construida desde la particularidad
de la diferencia que, como hemos dicho, no es simplemente étnica
o cultural sino colonial: la consecuencia de la dominación
pasada y presente de pueblos, lenguas y también de conocimientos.
Y aunque esta lógica de la interculturalidad parte de una
posición de exterioridad con relación a lo dominante,
cuestionando a él, involucra conocimientos y modos de pensar
que no quedan totalmente aislados de los paradigmas o estructuras
dominantes. Es decir, por necesidad y como resultado de los procesos
históricos de la colonialidad, esta lógica “conoce”
estos paradigmas y estructuras – ha tenido que aprender y vivir
con ellos. Y es por medio de este conocer que un pensamiento “otro”
está construyéndose, orientado a la agencia o acción
del movimiento en las esferas políticas, sociales y culturales,
trabajando sobre los paradigmas y estructuras dominantes y los estándares
culturales construidos por el conocimiento occidental y “universal”,
así descolonializándolos.
Al hablar de la interculturalidad
epistémica no es lo mismo al hablar de un “conocimiento intercultural”
como hace la propuesta de Amawtay Wasi, que, como entiendo, propone
un diálogo o encuentro de conocimientos occidentales, orientales
e indígenas. Sin descartar la importancia de tal diálogo,
me parece necesario poner en cuestión los supuestos que los
posicionan de manera siempre desigual; por ejemplo, el conocimiento
indígena como algo siempre local y temporal -asociado con
el pasado, con lo tradicional- al frente del no-lugar y la no-temporalidad
del conocimiento occidental. Son estos supuestos que limitan y encierran
la esfera de pensar de los pueblos indígenas (o negros) a
su comunidad, y no a los problemas de la sociedad, la región
o el mundo.
Más bien, lo que estoy
proponiendo aquí es la construcción de nuevos marcos
epistemológicos que incorporan y negocian conocimientos occidentales
y conocimientos no-occidentales, indígenas pero también
negros (y sus bases teóricas y vivenciales, pasados pero
también presentes), siempre manteniendo como fundamental
la necesidad de enfrentar la colonialidad del poder a la cual estos
conocimientos han sido sometidos. Marcos epistemológicos
que pluralizan, problematizan y desafían la noción
de un pensamiento y conocimiento totalitario, único y universal
desde una postura política y ética, abriendo la posibilidad
y el reconocimiento de distintos modos de pensar.
En estos términos,
la interculturalidad representa una lógica de pensar y una
práctica que trabaja en los límites de los conocimientos
indígenas y negros, traduciendo los conocimientos occidentales
a las perspectivas indígenas y negras del saber, y a sus
necesidades políticas y concepciones éticas.
Hacia la descolonialización
En la propuesta de Amawtay
Wasi encontramos el potencial y la posibilidad para construir en
la práctica un camino hacia la descolonialización
del saber. En este afán, podemos identificar tres puntos
claves de futura consideración:
- El camino hacia la descolonialización
requiere hacer ver que el conocimiento tiene valor, color, género
y lugar de origen y, por eso, el lugar desde uno piensa sí
importa.
- El camino hacia la descolonialización
requiere la recuperación, revaloración y aplicación
de los saberes ancestrales, pero también requiere un
cuestionamiento de la temporalidad y localidad asociado con
ellos, que siempre los mantendrán como “saberes” y no
“conocimiento”.
- El camino hacia la descolonialización
no debe partir simplemente de un relacionar de conocimientos
(ancestrales, occidentales, orientales) entendidos como bloques
o entidades claramente identificados y encerrados, sino en contribuciones
críticas a nuevos procesos de intervención intelectual,
en la creación de conocimientos y de modos de pensar
que cruzan fronteras.
Hablar de una política
epistémica y, a la vez, epistemologías políticas,
es de reconocer la agencia o iniciativa histórica del movimiento
indígena a incidir no sólo en las estructuras e instituciones
sociales del país (incluyendo la educación, la salud,
y, como fue la experiencia reciente, en el mismo Estado) sino también
en el pensamiento de la gente, tanto a nivel nacional como internacionalmente.
Al frente de esta iniciativa, es difícil pensar en el Ecuador
sin el referente del movimiento indígena, inclusive para
los mismos blanco-mestizos. No obstante, lo que los interesa aquí
no es el reconocimiento en sí, sino la manera que la interculturalidad,
entendido como concepto que proviene no de la academia, sino del
movimiento indígena, presenta desde su política epistémica,
un real desafío a la colonialidad del poder, a las geopolíticas
del conocimiento y al sistema mundo.
Para desenmascarar y confrontar
las complejidades y amenazas del neoliberalismo y del capitalismo
global dentro del orden moderno/colonial y procurar la descolonialización
de las ciencias del saber, pero también del ser, es necesario,
como he argumentado aquí, una visión crítica
de las geopolíticas del conocimiento. Pero esta visión
sólo no es suficiente. Lo que realmente necesitamos hacer
es poner en marcha el proyecto político, ético y epistémico
de la interculturalidad, un proyecto en el cual son esenciales el
conocimiento colectivo, el análisis colectivo y la acción
colectiva. Para concluir, las palabras de un shamán huichol
(citado en Vera 1997, 81) parecen adecuadas:
Juntar
los momentos en un solo corazón, un corazón de
todos, nos hará sabios, un poquito más para enfrentar
lo que venga. Sólo entre todos sabemos todo.
Referencias Eze, Emmanuel Chukwudi. “El color
de la razón. Las ideas de ‘raza’ en la antropología
de Kant,” en Capitalismo
y geopolítica del conocimiento, W. Mignolo (comp.). Buenos Aires: Ediciones del signo,
2001.
Lander, Edgardo (comp.). La colonialidad del saber: eurocentrismo
y ciencias sociales.
Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: FLACSO, 2000.
Mignolo, Walter. “Diferencia
colonial y razón posoccidental”, en La reestructuración de las ciencias sociales
en América Latina,
S. Castro-Gómez (ed.). Bogotá: Centro Editorial Javeriano,
2000.
Vera, Ramón. “La noche
estrellada. (La formación de constelaciones de saber)”, Chiapas 5, 1997, 75-95.
Walsh, Catherine. “La re-articulación
de subjetividades políticas y diferencia colonial en Ecuador:
reflexiones sobre el capitalismo y las geopolíticas del conocimiento”,
en Indisciplinar las
ciencias sociales. Geopolíticas del conocimiento y colonialidad
del poder. Perspectivas desde lo andino, C. Walsh, F. Schiwy y S. Castro-Gómez (eds.).
Quito: UASB/Abya Yala, 2002.
Notas
Esta ponencia fue presentada
en el evento de la inauguración de la casa de ICCI, “Geopolíticas
del Conocimiento y la Descolonización de las Ciencias”, 18
de febrero del 2004.
Coordinadora académica
del Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos, y Coordinadora
del Taller Intercultural, Universidad Andina Simón Bolívar,
sede Ecuador.
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