UNIVERSIDAD DE COSTA RICA

Facultad de Ciencias Sociales

Escuela de Ciencias Políticas

 

Palabras de presentación al libro

Medio Oriente, imagen y conflicto

 

“El viaje del Elefante”

Profesor Daniel Matul

 

Ciudad universitaria, Rodrigo Facio, junio 22, de 2009

 

Hace cerca de siete años y medio caminé con Sergio desde el barrio Los Yoses, hasta la calle que desemboca en lo que nosotros conocemos como Cuesta de Moras, a la entrada este de San José. Eran cerca de las doce medio día y descendimos hasta un pequeño restaurante de comida árabe ubicado, justo, en la esquina sur, opuesta a la bomba La Primavera. Para ser más precisos, calle 21 y Paseo Ruben Darío.

 

El lugar, por supuesto, ya no existe; pero esa tarde conversamos sobre uno de los primeros viajes de Sergio a Medio Oriente. Sentados alrededor de un plato de hummus y una buena sopa con carne de ternero, ya saben, lo que tradicionalmente una persona que se acerca pocas veces a la cocina árabe, puede pedir en un almuerzo; esa tarde Sergio intentó reconstruir con detalle sus itinerarios, el precio de cada hotelito en el que se hospedó y paso algunas noches, procurando incluso darme una explicación detallada de los pormenores de cada sopa, pan, refresco, oración en la que estuvo implicado. Por supuesto, aunque lo evité, siempre acabamos poniendo sobre la mesa, el laberinto político que se superpone a la quebrada geografía de aquella región.

 

De regreso a las oficinas de la Fundación para la Paz y la Democracia, dónde, en esa época, trabajamos juntos, casino dijimos nada. De mi lado, a menudo tengo la sensación de vivir episodios que me generan la idea de reproducirlos mentalmente en un cortometraje. En esa ocasión, pensé que esa caminata y algunos de los diálogos que tuve con Sergio, podrían ser el inicio adecuado de un retrato josefino, en una producción corta y barata de quince minutos. Como todas esas cosas, solo ocurren mentalmente, esa tarde se fue y se llevó de la mano el cortometraje, el guión, los actores y el presupuesto asignando para ejecución de aquella empresa. Sin embargo, supongo que aquella tarde  olvidó sobre la mesa o se le cayó en el camino, este libro, que hoy es, la más reciente creación de Sergio: Medio Oriente, imagen y conflicto.

 

Supongo, también, ahora, que lo pienso un poco más, que durante ese regreso, yo, pensaba en el corto; mientras Sergio, pensaba en su libro. La película se las deberé siempre y, el libro, se presenta hoy y quisiera recomendárselos.

Realmente para mí, es un gran honor corresponder a la amable invitación que Sergio me ha hecho, para dirigir una palabras que puedan reflejar algunos de los contenidos de este libro. Como ya se habrán dado cuenta, circunstancias muy especiales me motivan a venir a este acto y compartirlas con ustedes. No he querido traer a esta mesa, la evocación de hechos históricos o el análisis de situaciones políticas o geopolíticas, pues, creo, que sería repetir lo que está muy bien recogido, ordenado y vivido en el libro que hoy se presenta. Por tanto, temo que al hacer desfilar, una vez más, las ideas de Sergio por esta sala, le pueda hacer una injusticia. Sin embargo, me animaré a compartir con ustedes algunas ideas que el libro me ha entregado de manera clandestina, franca y honesta.

 

Tal y como Sergio lo define, este libro, Medio Oriente, imagen y conflicto, más que una introducción a la política de Medio Oriente, es una bitácora. El lugar donde se coloca la brújula; el sitio donde se van haciendo los apuntes sobre el rumbo, la velocidad, las maniobras y demás accidentes que ocurren en un viaje de navegación. “Al elefante le gustó lo que vio y lo hizo saber a la compañía, aunque en ningún punto el itinerario que elegimos coincidiera con el que su memoria de elefante celosamente guardaba”, ha escrito Saramago.

 

Qué, además, agrega, recordando el Viaje a Portugal, “El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en narrativa. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: “No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin del viaje es simplemente el comienzo de otro. Es necesario ver lo que no ha sido visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se vio en Verano, ver de día lo que se vio de noche, con sol donde antes la lluvia caía, ver el trigo verde, el fruto maduro, la piedra que cambió de lugar, la sombra que aquí no estaba. Es preciso volver a los pasos que fueron dados, para repetirlos, y para trazar caminos nuevos a su lado. Es preciso recomenzar el viaje. Siempre. El viajero vuelve ya.”

 

Pienso que cada persona tiene que tener sus propios encuentros y desencuentros; sus viajes y por supuesto, sus propias confrontaciones, a lo largo de su vida. Al igual que la novela de Saramago, El Viaje del Elefante, cuando a mediados del siglo XVI el rey Juan III de Portugal decidió regalarle su elefante al archiduque Maximiliano de Austria aprovechando su estancia en Valladolid. El elefante, de nombre Salomón y más tarde Solimán, atravesó Portugal y Castilla, el Mediterráneo, Italia, los Alpes y finalmente el Danubio hasta Viena. La historia transcurre entre ciudades, milagros y una forma de ver el mundo desde el elefante.

 

Nuestro elefante, inició su viaje recién estrenado el siglo XXI y hoy nos trae la historia, sus milagros y su visión sobre una realidad que no solo ha estudiado; sino que ha vivido. Este elefante, ha recorrido ciudades, desde San José a Jordania, pasando por Siria, Egipto, Israel, Líbano, Portugal, Marruecos, Nueva york, Turquía y otros tantos lugares. El mensaje de nuestro elefante es un llamado a la comprensión. Este elefante, escribe para comprender. Ojala, cada uno de los y las lectores/as, se acerque al libro, con la misma intención, comprender. Es decir, que al recorrer el libro, tal y como a mí me ha pasado, de súbito, detengamos la lectura, miremos al aire, como tratando de retener lo que hemos leído.

 

Por supuesto, este viaje está lleno de imágenes ilustres, de encuentros inolvidables, como cuando nos dice: “evadiendo la mirada celosa e inquisitiva de su vocero de prensa, Bashir Riaz-sihir, me acerqué a saludar a la mujer a quién, desde hace tiempo, admiraba, no solo por el coraje y tenacidad que había demostrado al convertirse en la primera mujer en gobernar un país musulmán en la época moderna; sino también por su belleza: Benazir Bhutto.

 

Otros relatos revelan encuentros fortuitos, como cuando relata el episodio con el chofer del autobús que lo llevo desde Ammman, hasta Damasco y que luego, de hacer los trámites del rigor fronterizo, lo espero, “como si fuera la última oveja de su rebaño”. Pero como todo elefante y politólogo costarricense que se respete, también ha habido relatos que nos recuerdan la verdadera sensación de estar siempre de viaje y al descubierto. Por ejemplo, al referirse a su estadía en el Mar Muerto, señala, “es tradicional tomarse una foto flotando en el agua y leyendo una revista o un periódico; pero esa imagen de relajamiento estuvo muy alejada de mi experiencia. Primero, las ronchas que han dejado el ataque de los bedbugs en el hotel, se sienten al contacto con el agua (cuatro veces más salada que el agua de mar), como hierro candente. Es un verdadero suplicio.”

 

Ese, es el libro-viaje de nuestro elefante tico. Más allá de adquirirlo (tiene buen precio y hoy hay dos por uno), tocarlo, abrirlo, cerrarlo, colocar en un estante, mirarlo e incluso olerlo, es posible que, también hallemos algo más que un objeto, encontremos al autor en medio de su viaje y charlemos con él. Entrar a un libro, significa estar dispuesto al diálogo, a entender lo que este elefante mismo es y sus transfiguraciones durante el viaje.

 

Sánchez Drago, ha dicho en algún momento, “Oh, Jerusalen, te he vivido y te he bebido, como si fueras un sacramento, una yerba sagrada, un cáliz de soma, un afrodisiaco, una epifanía, un alucinógeno” y esto es lo que Sergio ha hecho con su viaje y con su bitácora, nos comparte esa otra parte del viaje, ese viaje interno, ese viaje propio, que te cambia, que hace valorar las cosas, las tradiciones, tus tradiciones, de una manera diferente.

 

Este elefante nos ofrece su lectura de una realidad a la cual ha llegado mediante un largo viaje, no solo externo, físico, sufrido; sino además, un largo viaje por sí mismo. El libro-viaje de este elefante politólogo, nos muestra que comprender una cultura (como la árabe, por ejemplo), no es solo a través de un proceso eminentemente racional, de cálculos políticos; sino también, maravillarse ante el canto religioso y honesto que se escucha en una mezquita. Es emocionarse con un verso escrito en sufí o en sefardí. Sergio, de alguna manera, nos dice, que ser culto, es ser culto en la cultura del otro o de la otra. Es comprender que el ser humano, como decía Cortázar, es inteligencia, pero también sentimiento, anhelo metafísico y sentido religioso. El ser humano es un compuesto y de la armonía de sus posibilidades surge la perfección. Por eso, ser culto, significa atender al mismo tiempo a todos los valores y no meramente a los que son exclusivamente intelectuales.

 

Esto por supuesto, nuestro elefante lo tiene claro, no se puede ser culto en la cultura del otro, si mutilamos y digerimos únicamente, aquellos conocimientos que nos llegan por internet o CNN. Nos hemos acostumbrado a masticar lo que fácilmente nos llega por televisión, cable o bluetooth y, producto de ello, nos hemos dado el lujo de ignorar un maravilloso mundo (él árabe), con el cual creemos no sentirnos identificados y nos hemos conformado con aceptar una cómoda visión de este mundo, inventada, que nos pone frente al sillón, juzgando sus hábitos, sus oraciones, sus canciones e incluso, sus voluminosas barbas. Como público, nos hemos uniformizado, al punto de creer que existe una única manera de estar y ser en el mundo, la nuestra.

 

En este viaje, el autor ha llegado primero. Nosotros aún estamos sentados sin levantarnos y dar el paso, el primer paso que nos lleve a una manera de ver el mundo menos unidimensional. Sergio, nos lleva muchos elefantes de ventaja.

 

Gracias,

 

 

 

 

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