Los precandidatos y su política exterior: John Edwards

 

Sergio I. Moya Mena

28-1-2008

Los resultados de las últimas elecciones primarias presentan un camino empinado para la candidatura presidencial del demócrata John Edwards. La prensa no parece estar muy interesada en el seguimiento de su campaña y sin embargo, Edwards ha formulado algunas de las propuestas más interesantes en materia de política exterior.

Este habilidoso abogado se presenta a si mismo como defensor de las clases medias y los trabajadores frente a la “codicia” de las corporaciones y promete hacer “que el Partido Demócrata vuelva a sus raíces”, en clara referencia al giro a la derecha que representó la revolución clintoniana en los años noventa. El principal desafío de los Estados Unidos en el plano internacional es -según Edwards- recuperar el “liderazgo moral” que este país tuvo en el pasado. El creciente aislamiento de la potencia y la caída de su prestigio, reclaman una estrategia de reencuentro con el mundo, que evite la “tentación imperial” y reconozca que no basta ser sólo una potencia militar sino se tiene legitimidad y liderazgo.

 Los EE.UU. deben volver a comprometerse con el mundo y el primer paso en esta dirección es poner fin a la guerra de Irak y retirar -de forma inmediata- entre 40 y 50 mil tropas, como paso previo a una retirada total llevada a cabo en forma gradual. El ex senador de Carolina del Norte cree que los intereses norteamericanos en Medio Oriente se pueden garantizar dejando un contingente militar en Kuwait acompañado de presencia naval en el Golfo Pérsico. Respecto a esta región, Edwards coincide con casi todos los demás aspirantes a la Casa Blanca en que Irán y su presidente Mahmoud Ahmadinejad son un reto complicado para los EE.UU., pero apuesta a una estrategia de presiones diplomáticas, enfocadas especialmente a evitar que ese país adquiera armas nucleares. Precisamente, la multiplicación de este tipo de armas se constituye en la más importante amenaza del nuevo siglo, lo que obliga a los EE.UU. a liderar un esfuerzo planetario para fortalecer los esfuerzos internacionales multilaterales para combatir la proliferación de estas armas.

Apartándose de las posiciones de casi todos los demás aspirantes, Edwards considera que, la llamada “Guerra contra el terror”, no es más que un slogan diseñado por los políticos, pero no una estrategia para hacer de los EE.UU. un lugar más seguro, al contrario, ha hecho más vulnerable al país. La Guerra contra el terror ha reforzado a los extremistas y ha alimentado la idea del “choque de civilizaciones”. Edwards no minimiza la amenaza terrorista, pero cree que ésta debe ser enfrentada con una estrategia comprensiva. Una estrategia que haga énfasis en los aspectos preventivos y que trascienda la división convencional entre “poder duro” y “poder suave”, para concentrarse en lo que denomina “poder inteligente” como eje central de una eficaz política de seguridad nacional.

La renovación del compromiso con el mundo que Edwards propone, pasa también por prestar especial cuidado a la situación de los llamados “estados fallidos”, como Afganistán o Sudán y a desastres humanitarios como el tsunami de 2004. Para tal efecto, propone integrar los” Marshall Corps” (llamadas así en alusión al general George Marshall, impulsor del plan que ayudó a reconstruir Europa después de la II Guerra Mundial), que estarían constituidos de al menos 10.000 civiles norteamericanos, expertos en misiones de atención humanitaria, reconstrucción y estabilización.

La revista Forbes, que elabora un ranking de los candidatos a la presidencia tomando en cuenta varios criterios como comercio exterior, política económica o temas sociales, considera a Edwards como uno de los ubicados más hacia la izquierda entre quienes tienen alguna posibilidad de llegar a la Casa Blanca. Se le ha juzgado como proteccionista en temas comerciales, pues ha acusado a los tratados de libre comercio de perjudicar los estándares laborales (Edwards es apoyado por una gran cantidad de sindicatos) y al medio ambiente. Se opuso al NAFTA y se ha manifestado abiertamente contra de los tratados de libre comercio con Perú, Colombia y Panamá.

           Frente al sensible tema de la inmigración, el ex senador apoya la obtención de la ciudadanía para los inmigrantes ilegales y en lo concerniente a Cuba, apoya el embargo contra la isla, pero toleraría ciertas actividades comerciales para “aliviar la carga de las personas inocentes”.

           Inspirado en el legado de iconos demócratas del pasado como Franklin D. Roosevelt, Harry  S. Truman o John F. Kennedy, John Edwards representa la identidad original de los demócratas, lo que en el plano internacional había significado siempre un compromiso fuerte con el multilateralismo.  Es poco probable que Edwards llegue a la Casa Blanca, pero a pesar de eso, sus propuestas de política exterior merecen ser valoradas a la hora de re-definir el papel de los EE.UU en el mundo.

 

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