Descaro
sin edad
Helio Gallardo
Catedrático
de la UCR
El pasado
mes de octubre "La Nación S.A.", que entre sus
principales activos publica un diario, cumplió sesenta años.
Para una persona, sesenta años son momento de consumación,
en el doble alcance de epítome y de inicio del final. Para
un periódico, sesenta años marcan fiesta y prontuario.
Si sus directivos se adecentan, ocasión de inflexión
prolongada en cam-bio de rumbo. La Nación celebró
sus sesenta con el autobombo festivo de quienes sintién-dose
acaudalados se valoran por encima del bien y el mal. Por supuesto
el periodismo de "La Nación S.A.", en particular
su línea editorial, está oligárquicamente enraizado
en el mal. Su autoestima, vista así, no es sino expresión
de descaro.
Dos botones del periodismo practicado por el cumpleañero.
Se recordará que los sondeos mercantiles de opinión
en las pasadas elecciones nacionales precipitaron un riña.
Entre otros factores porque parecían afirmar un amplio triunfo
de los Arias, ventaja que en las urnas no se dio. Que gente
tan 'seria' como Rodrigo Arias creyó en esa inteligencia
de los datos lo reveló su televisada cara fúnebre
cuando su hermano iba abajo y la ciudadanía no le daba buena
mayoría en la Asamblea. Una de las empresas discutidas fue
Unimer, aparato oficial de La Nación S. A. para estos oficios.
Se sabe que un sondeo puede ser perversa-mente diseñado,
negligentemente aplicado e interesadamente difundido. Cuando esto
últi-mo ocurre, la empresa debe desmentir a sus empleadores
por acomodar datos a intereses. Bueno, ocurre que La Nación
S.A. proclama ahora que Unimer acertó en todo en las elec-ciones
pasadas. J. Guardia, columnista, sentencia: "La última
encuesta de Unimer aclaró las dudas relacionadas con la validez
de sus encuestas y confirmó que el sondeo de esa empre-sa,
publicado en La Nación tres días antes de la elección,
fue reflejo fiel de las intenciones de voto (…). No hubo engaño
ni paquete…" (26/09/06).
La prisa guardiana para legitimar a Unimer se explica por el propósito
de darle credibili-dad a su nuevo rastreo, esta vez sobre el TLC,
cuyo resultado la Nación S.A. interpreta co-mo que ni siquiera
quienes votaron por Ottón Solís lo adversan. La encuesta
confirma todas las opiniones del periódico: no hay polarización
sobre el tema, y sindicatos, PAC y políti-cos que rechazan
este TLC carecen de toda representatividad, excepto la de su emotividad
e ideología (26/09/06). Ah, la prueba de la ciencia sondista
de Unimer la obtuvo la misma Unimer ¡con otro sondeo! Patético.
Un nuevo bufido de descaro se dio con la versión nacionista
del Mensaje de la Conferen-cia Episcopal a la Comisión que
maltrata opiniones sobre el TLC en la Asamblea Legislati-va. Según
editorial del 11 de octubre, los obispos solo rechazan la confrontación
y desean una agenda de desarrollo. ¡Y claro, si es una propuesta
pastoral! Pero también se preguntan por la equidad, justicia,
participación, solidaridad y respeto ambiental a los que
diferencian (y oponen) a mera eficiencia, competitividad y productividad.
Además, piden un obligato-rio diálogo nacional para
una ausente agenda de desarrollo humano, diálogo que la Presi-dencia
y sus yes men/women en la Asamblea traducen como "atolillo
con el dedo". Idos, los obispos no denunciaron la exégesis
de la Nación S.A. que reduce y falsea su mensaje.
Si en los próximos 60 años La Nación persiste
en sus mañas, y gracias al motor de Chang, vendrán
de otras galaxias a conocer uno de los "periodismos" más
peculiares, di-gamos, del mundo. Decía alguien, pero en alemán:
"El descaro produce información".
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