"Democracia en la calle" Por Harold Villegas Román Politólogo,
Profesor Maestría y Escuela Ciencias Políticas UCR,
Asesor Partido Acción Ciudadana.
En los últimos meses hemos sigo
testigos de una amplia discusión sobre la legitimidad y legalidad
de las manifestaciones ciudadanas en la calle, como acto de protesta
o derecho contra las iniciativas que afectan la convivencia social
y el desarrollo de nuestra nación En este marco, quisiera referirme o más bien responder a dos artículos, "Chile, ejemplo a seguir" del asesor presidencial Pablo Guerén, y "Mecanismos institucionales" del señor Rubén Hernández Valle, ambos publicados en el diario La Nación del 26 de octubre.
En el caso de la
salud y la educación chilena no ha sido muy diferente. Las
recientes protestas estudiantiles para revertir la municipalización
-degradación- de la educación, y la también
reciente reforma al sector salud, conocido como Plan AUGE (impulsada
por la actual Presidenta Bachelet cuando fue Ministra de salud)
ejemplifican los desaciertos de una política privatizadora
de servicios fundamentales bajo la lógica de ver estos servicios
como mercancía y no como derechos. Pese a ello, Chile ha
sido exitoso en su incursión comercial, primero, porque no
entregó áreas estratégicas que ya habían
sido privatizadas en la dictadura, segundo, porque ha sabido defender
intereses de sus productores y empresarios contra intereses foráneos,
y tercero, porque no entregó su actividad más rentable:
el cobre. Este último punto por razones de interés
nacional (más del 50% de sus ingresos provienen de esta actividad
estatal) y porque el 10% de las utilidades del cobre se establecieron
como prerrogativa para las Fuerzas Armadas durante la dictadura
de Pinochet, más concretamente en la Constitución
autoritaria de 1980. Es decir, en ningún acuerdo comercial
suscrito hasta ahora por Chile se han regalado áreas estratégicas
de su desarrollo. Además, diferentes estudios sobre la economía
chilena no han cuestionado el alto crecimiento, sino su distribución,
que como también sabemos no es obra de la espontaneidad,
sino de una política social y redistributiva desde el Estado. Se equivoca el señor Guerén cuando afirma "¿seguimos el ejemplo chileno u optamos por confrontaciones dolorosas y peligrosas"? De todos es sabido la cantidad de protestas, paros y confrontaciones - algunas con fuerte represión policial- que han logrado o por lo menos han intentado revertir la agresividad del modelo chileno contra los sectores más vulnerables. Chile es hoy, y por mucho, un buen ejemplo de la "democracia de la calle" capaz de derrotar a una dictadura gracias a la conciencia de sus estudiantes, jóvenes, mujeres, y de algunos líderes políticos y sociales.
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