CONSERVADURISMO COMPASIVOSergio Moya MenaEl Heraldo 7-8-2000 Una vez finalizada la Guerra Civil en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX, el Partido Republicano emergió como el abanderado de las grandes transformaciones y el progreso. El partido de Abraham Lincoln emancipó a los esclavos, elaboró la primera legislación de ese país sobre derechos civiles y generó la adopción de la catorceava enmienda a la constitución. Ciento cincuenta años después, las cosas han cambiado radicalmente. El partido de la emancipación y de la reconstrucción nacional es el principal enemigo del avance de los derechos civiles, del movimiento obrero y hostil a las acciones afirmativas en materia de raza. Si hoy como nunca antes la política en Washington es manipulada y distorsionada por el interés de las grandes multinacionales y corporaciones, que a través de sus billonarias “contribuciones” a los partidos tradicionales y los “lobbies” que ejercen en el Congreso alteran la legislación a su antojo y haciendo de la Constitución solamente un texto auto-modificable y postmoderno, ningún otro partido como el Republicano ha sucumbido en forma tan abyecta a esta perversión de la democracia norteamericana. El partido -como el mismo candidato republicano George W. Bush lo ha reconocido- ha traicionado el legado de Lincoln. Hace cinco meses cuando se realizaban las elecciones internas del Partido Republicano y el senador John McCain le pisaba los talones al Gobernador de Texas George W. Bush, derrotándolo en las primarias de New Hampshire, los asesores del hoy candidato republicano plantearon un giro a la derecha en la campaña. El carácter reformista y centrista de la campaña de McCain (más atractiva para los sectores medios y demócratas independientes) representaba una amenaza para Bush. Había que resaltar el perfil conservador de Bush como la mejor opción del partido Republicano. De esta manera, Bush decidió enviar una señal, reiniciando su campaña en la ultra-conservadora Universidad Bob Jones (que prohibe los noviazgos interraciales) ubicada en el Cinturón Bíblico del Sur; seguidamente atacó duramente a los sindicatos, contrató como asesor especial a Ralph Reed (ex dirigente de la derechista Coalición Cristiana) y criticó duramente las posiciones en materia de políticas de cultura de McCain. Una vez que Bush venció a McCain en la disputa por la candidatura se enfrento al reto de vencer a Al Gore en la carrera por la Presidencia. En una suerte de “camaleonismo político” al que ya nos tienen habituados los políticos norteamericanos, Bush volvió a dar un giro político, esta ves hacia el centro, a fin de conquistar el apoyo de los sectores medios y moderados y las minorías étnicas. Dentro de esta estrategia oportunista el Partido Republicano celebró su convención a principios de agosto en Filadelfia con un candidato y una plataforma electoral que nos hablan de tolerancia, inclusión y multiculturalidad. A esta propuesta han denominado “Conservadurismo Compasivo”. La aparición en el escenario tipo “Broadway” de la convención de estrellas de rock, del General de color Collin Powell, del cantante mexicano Vicente Fernández y hasta de un congresista homosexual, pretendieron crear la “ilusión” de que el partido había tendido un puente hacia una propuesta de sociedad más incluyente y plural. Nada más alejado de la realidad. Conservadurismo Compasivo no es más que el eufemismo para designar al “refrito” de políticas económicas y sociales remanentes de la época de Ronald Reagan, cuyos nefastos efectos en materia social son bien recordados por la clase trabajadora de los Estados Unidos. Este conservadurismo no se nos presenta como aquel del “Contrato con América”, defendido rabiosamente por Newt Gingrich en la campaña electoral de 1994. El de ahora se presenta de distinta forma, un poco más sutil y “amigable”, gracias a la manipulación de los medios y a una retórica demagógica y populista . Sin embargo, se trata de del más rancio conservadurismo republicano, fiel a los privilegios de clase y a la defensa del orden social y la tradición. La misma elección de Dick Cheney como compañero de fórmula en la vicepresidencia confirma la verdadera esencia ideológica de la propuesta republicana. Un personaje que en sus años de congresista en el Capitolio recibió una aprobación del 100% de parte de la American Conservative Union ACU, debido a su historial de votación en contra de legislación progresista. De manera que no hace falta mucho esfuerzo para desenmascarar el engaño mediático que subyace bajo la propuesta republicana. Basta remitirse a los hechos políticos concretos que han caracterizado la trayectoria de Bush como gobernador de Texas y las votaciones de Cheney en el Capitolio para confirmar el sentido genuino de este “Conservadurismo Compasivo”. El George W. Bush que habla del “sueño americano para todos”, predica la inclusión, se rodea de hispanos y negros en las fotos, es el mismo que evita temas que son de gran importancia para estas minorías como la brutalidad policiaca, acciones afirmativas y penas de muerte, que son aplicadas en un 42% a población negra, siendo ésta solo el 12% de la población total de los Estados Unidos. El mismo George W. Bush que habla de tolerancia y al mismo tiempo se alía con grupos de la derecha religiosa como el Eagle Forum; la Coalición de los Valores Tradicionales y la propia Coalición Cristiana, conocidos por su intolerancia y anti-multiculturalismo El mismo George W. Bush que afirma que “la prosperidad no tiene sentido sin un ambiente sano”, es el gobernador del estado más contaminado de los Estados Unidos. También Cheney en su calidad de miembro del congreso se opuso sistemáticamente a iniciativas de ley ambientalistas como la Safe Drinking Water Act y la Endangerd Species Act. El mismo Bush que enuncia su compromiso con el bienestar de las familias norteamericanas, es el que propone un sistema fiscal aún más regresivo en beneficio de los ricos y propone privatizar lo poco que queda de la seguridad social. Poco compasivo resulta también este conservadurismo cuando se recuerda que Bush ha tolerado como Gobernador de Texas la ejecución de 138 convictos, siendo uno de los últimos era un hispano con retardo mental. También es preciso recordar que Cheney ha votado en contra de expandir los programas de investigación y prevención del SIDA.
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