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La propuesta del Estado binacional en Palestina
Sergio I. Moya
Mena
Junto al
Teatro Romano de Amman en Jordania, hay un bazar de artesanías y
chucherías de todo tipo. En una de las tienditas encuentro un viejo
tazón con monedas antiguas egipcias, otomanas, persas. Entre todas
estas piezas que, de seguro podrían relatar miles de historias,
descubro un verdadero tesoro: una moneda del año 1927 de 2 milésimos
de Libra, acuñada durante el Mandato Británico en Palestina. En una
de sus caras aparece el nombre
Algunos de quienes creen que esto es posible aseguran que la solución vendría con el establecimiento de un estado binacional, en el que ambas comunidades compartan la tierra entre el Río Jordán y el Mediterráneo. Dicho estado binacional debería contar con una constitución laica y democrática que, por encima de las bases étnicas o religiosas, garantice iguales derechos a todos los ciudadanos. Este proyecto exigiría que ambas comunidades renunciaran a cualquier estatuto especial o privilegiado de una sobre la otra. Considerando que la historia de Palestina ha tenido siempre un carácter multiétnico, multirreligioso y multicultural, los defensores del estado binacional consideran que proyectos como un “Gran Israel” exclusivo para los judíos o una Palestina como tierra árabe inajenable, deberían limitar su exclusividad.
El fracaso incuestionable de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, la expansión deliberada y continua de los asentamientos judíos (ilegales) en Cisjordania, la creciente judaización de Jerusalén Este y la falta de voluntad política de los Estados Unidos para presionar al Israel a hacer concesiones significativas, ha hecho que muchos consideren que la oportunidad para el establecimiento de dos estados ya ha pasado.
La fórmula del Estado binacional sido respaldada en el pasado por pensadores judíos como Martin Buber, Judah Magnes y Hannah Arendt. En nuestros días dicha propuesta es defendida por intelectuales judíos como Gilad Atzmon, Jeff Harper, Ilan Pappe, autor de “La limpieza étnica de Palestina” o Joel Kovel, quien en su libro “Overcoming Zionism”, asegura que el estado binacional es una necesidad, pues las propias contradicciones del sionismo, han llevado a Israel a la creación de un estado patrocinador del racismo. El mismo Primer Ministro de Israel, Ehud Olmert advirtió en una entrevista al diario Haaretz, que un Estado binacional era una posibilidad real si la propuesta de crear dos estados colapsa definitivamente.[1]
Del lado árabe la fórmula tuvo en el pasado el apoyo de sectores seculares como Fatah, el partido de Yasser Arafat, hasta que a finales de los años ochenta se optó por el establecimiento de dos estados; pero la frustración generalizada que embarga a los palestinos después de años de promesas incumplidas lleva a muchos a considerar un giro estratégico en la lucha por la autodeterminación: dejar de lado la reivindicación de un Estado palestino independiente y luchar por la creación de un único estado para árabes y judíos con iguales derechos para todos. Esta es la opinión de influyentes intelectuales palestinos como Sari Nusseibeh, Ali Abunimah, Michael Tarazi o Azmi Bishara. El modelo a seguir sería la lucha contra el Apartheid sudafricano: un hombre - un voto y ciudadanía para todos.
Ese fundamento democrático hace del Estado binacional una propuesta loable y sugerente, pero definitivamente poco realista. Carece de apoyo internacional y no tiene un respaldo significativo entre árabes y judíos que, mayoritariamente aspiran a un estado con particularidades propias. La idea de un solo Estado asustaría a la mayoría de los israelíes y como dice Uri Avneri, los “arrojaría en manos de la derecha”, especialmente la religiosa y fundamentalista, que no está dispuesta hacer ninguna concesión para lograr una paz duradera.
Ciertamente la propuesta de los dos estados es muy complicada, pero por más frustrante que sea el estado actual de las negociaciones de paz, no se debería apostar por una fórmula como el Estado binacional que presentaría un camino aun más escarpado. En última instancia nada es irreversible: ni los asentamientos ilegales, ni la construcción del Muro del Apartheid, ni las políticas de segregación. Lo que hace falta es un renovado impulso de la propuesta de dos estados que se sustente en un arreglo sobre el retorno de los refugiados palestinos, el desmantelamiento de los asentamientos ilegales en Cisjordania y un Estado Palestino basado en las fronteras de 1967 con Jerusalén Este como capital. Esta será a largo plazo, la única forma en que el olivo pueda ser de nuevo genuino símbolo de la paz en la Tierra Santa.
[1] Olmert to Haaretz: Two-state solution, or Israel is done for. Haaretz, 29 de noviembre de 2007.
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