¿Atacar a Irán?

Sergio I. Moya Mena

La Prensa Libre 9-2-207

Por inverosímil que parezca, pese al fracaso de las campañas militares en Afganistán e Irak, el gobierno del presidente George W. Bush podría estar considerando abrir otro frente de combate en Medio Oriente. Ahora es Irán, quien parece reemplazar a Al-Qaeda como "máximo enemigo de Occidente". Desde que Estados Unidos -a través de la CIA- planificó el golpe militar que derrocó al nacionalista Mohammed Mossadegh en 1953 y a partir de allí apoyó incondicionalmente al Shah Mohammad Reza Pahlavi, las relaciones entre los dos pueblos han sido tirantes. La crisis de los rehenes de 1979 o el apoyo de Ronald Reagan a Sadam Hussein en la guerra que éste último inició contra Irán en 1980, son sucesos que están frescos todavía en la memoria de muchos iraníes.

Ahora a Washington le preocupa la creciente injerencia de la republica islámica en la región, especialmente en Irak, donde ejerce una fuerte influencia sobre facciones chiitas como el Ejército del Mahdi y en Líbano y Palestina, donde patrocina a Hezbollah y Hamas, respectivamente. Pero lo que a los EE.UU. le resulta intolerable es la pretensión iraní de desarrollar un programa nuclear que, según afirman los servicios de inteligencia norteamericanos, tendría fines militares y podría producir una cabeza nuclear en pocos años.

Mientras aumenta el ruido de sables y EE.UU. envía dos portaviones al Golfo Pérsico, el Sunday Times de Londres revela los planes israelíes para lanzar un ataque nuclear “preventivo” sobre Irán. Esto evidencia la doble moral con que los EE.UU. ejercen su política en Medio Oriente: cuando gobernaba el Shah, EE.UU. respaldó los planes para desarrollar una industria nuclear; ahora “sataniza” a Irán a pesar de que no existen pruebas contundentes de que desarrolle un programa de armamento nuclear clandestino y no se cuestiona el hecho de que Israel posea armas nucleares, tal y como desde 1986 lo denunció el técnico nuclear judío Mordejái Vanunu.

¿Pero qué puede impulsar a EE.UU. a una guerra que, sin lugar a dudas provocaría una escalada de violencia en todo Medio Oriente? Más allá del autismo político de Bush y su falta de voluntad para resolver los problemas estructurales de la región, ésta podría ser una cortina de humo para distraer la atención sobre el fiasco de Irak.

Ciertamente, Irán le resulta incómodo a muchos desde que, a partir del triunfo en 1979 de la revolución islámica, Teherán ha promovido el fundamentalismo islámico en Medio Oriente, horrorizando a muchos de sus vecinos (sobre todo los que cuentan con población chiita); pero en el nuevo escenario geopolítico de Medio Oriente, Irán emerge como una verdadera potencia regional. Se trata de una cuestión de mero realismo político, aunque obviamente esto preocupe a otros poderes regionales como: Arabia Saudita, Egipto o Israel. Irán es el segundo exportador de la OPEP y posee una gran riqueza.  ¿Puede imaginarse un ataque militar destinado a acabar con el programa nuclear iraní o incluso una invasión norteamericana similar a la de Irak que instaure un cambio de régimen?. Se trata de opciones poco factibles y que más bien, tendrían consecuencias verdaderamente catastróficas  para la región.

En primer lugar, Irán no es Irak. El país dispone de un número de fuerzas militares y paramilitares  motivadas y comprometidas, superiores a las que Irak poseía. Un ataque selectivo similar al que Israel llevó a cabo contra la central nuclear iraquí de Osirak en 1981, no podría tener el mismo éxito, pues no se sabe con certeza dónde se ubican las instalaciones nucleares iraníes, lo que obligaría a “golpear” múltiples blancos, (aproximadamente 1000 según fuentes de inteligencia), disminuyendo la efectividad del operativo. Si dicho ataque involucrara armas nucleares, el número de víctimas inmediatas podría ascender al millón, según la organización Union of Concerned Scientists.

Por otro lado, la capacidad de reacción de Irán sería muy fuerte e implicaría seguramente el uso de misiles Shahab 3 y Shahab 4 con un alcance de hasta 3057 km, que pueden alcanzar blancos como Riyadh o Tel Aviv. Un ataque contra Irán podría ser visto como una agresión contra todos los chiitas de la región, lo cual desencadenaría conflictos en Irak, Líbano, Arabia Saudita  y Kuwait. Finalmente, convertir al Golfo Pérsico en zona de guerra, implicaría eventualmente el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo del mundo, lo cual podría llegar a cotizar el barril entre los $130 y los $150, causando una depresión planetaria.

No cabe duda que el régimen de Teherán es un interlocutor difícil, pero la diplomacia occidental tampoco ha sabido trascender los enfoques unilaterales y sesgados en su relación con Irán. Una atmósfera de diálogo y entendimiento podría construirse a partir de la identificación de intereses comunes, la integración del país a la economía global y el establecimiento de un diálogo sobre seguridad regional. La vía de la negociación política es la única opción para resolver ésta y todas las crisis abiertas en Medio Oriente.

 

INICIO

 

contacto | artículos de Sergio Moya Mena | enlaces | Altermundo

articulos | filosofía de Abya Yala | consejo editorial | pueblos originarios

© wiphala.org - San José, Costa Rica. Apartado postal 109-7050 Cartago