Más allá de Arafat Sergio Moya Mena El Heraldo 14-1-2002 A Yasser Arafat, Presidente de la Autoridad Palestina AP, se le han venido complicando las cosas recientemente. Ha tenido que soportar muchas críticas por su “supuesta incapacidad” para controlar a grupos terroristas como el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas o la Jihad Islámica, que a finales del 2001 perpetraron sangrientos atentados terroristas en Haifa y Jerusalém. Se considera esa falta de control sobre los extremistas, como un obstáculo para un acuerdo definitivo con Israel. El propio Primer Ministro israelí Ariel Sharon cuestiona su rol como interlocutor de los palestinos, y lo compara con Osama Bin Laden, al tiempo que bombardea sus oficinas y destruye sus helicópteros, impidiéndole la movilización al líder palestino. Yasser Arafat es sin duda una de las personalidades políticas más complejas de la historia contemporánea de Medio Oriente. Contradictorio, impredecible, autoritario, son algunos de los epítetos que lo han descrito. Desde que sucedió al corrupto y pusilánime Ahmed Shukairy en el liderazgo de la Organización para la Liberación de Palestina OLP en 1969, Arafat ha encarnado las espiraciones de su pueblo, convirtiéndose indiscutiblemente en el símbolo de la lucha por la independencia. Ningún líder palestino ha llegado tan lejos ni ha obtenido tanto como él, pues si bien después de muchas rondas de negociación con los israelíes, la AP apenas controla un 17% de los territorios ocupados, ciertamente ha logrado colocar el tema de Palestina en la agenda política internacional. El cuestionamiento reciente a su autoridad y su capacidad de interlocución ha venido planteando el tema de la sucesión del liderazgo palestino y de la incidencia que esto pueda tener para la estabilidad de la región. ¿Es Arafat un obstáculo para la paz? ¿Qué pasaría en caso de que desapareciera políticamente?. Dentro de la propia sociedad palestina hay sectores que critican abiertamente su liderazgo. Se le ha acusado de manejar autoritariamente a la AP y de tolerar la enorme corrupción que se manifiesta en las distintas estructuras gubernamentales. Intelectuales como Edward W Said, cuestionan a Arafat y a su entorno por no ser capaces de conducir la lucha por la liberación y por vivir alejados de la realidad del palestino común. Se le acusa también de no haber respondido eficazmente a las campañas de desinformación que Israel monta regularmente para deshumanizar a los palestinos. Estos aspectos han erosionado significativamente la confianza de los palestinos hacia la AP. Según sondeos de opinión recientes, el apoyo a la AP ha caído a un 23% frente a un 20.7% de Hamas y un 5.7% de la Jihad Islámica. En el ámbito internacional las críticas de los Estados Unidos y de varias cancillerías europeas se centran en que no ha hecho los suficiente para garantizar un clima de paz que pueda servir de marco a un acuerdo definitivo con Israel. De esta demanda ha hecho un uso bastante oportunista el gobierno de Sharon, que supedita la vuelta a la mesa de negociaciones a que la AP erradique el terrorismo. Esta actitud es muy contradictoria, pues ¿cómo espera Sharon que Arafat controle eficazmente a los terroristas, si al mismo tiempo bombardea con Jets F-16 las oficinas de la policía palestina y le impide a Arafat movilizarse?. Arafat ha hecho todo lo políticamente posible sin desencadenar una guerra civil palestina, que definitivamente, sería un escenario que aniquilaría cualquier proceso de paz. Más que exigir la erradicación del terrorismo, lo que parece en realidad querer Sharon es la eliminación de Arafat y de la AP, que a la larga tendría un efecto boomerang contra Israel, pues fortalecería a los radicales. Pacifistas israelíes como Uri Avnery, opinan que la verdadera intención de Sharon es precisamente liquidar el liderazgo palestino y llevar al poder a Hamas, para luego decir que “no hay con quien negociar”. En la actual coyuntura política, no es conveniente presionar por un cambio abrupto en el liderazgo palestino, pues las líneas de sucesión no están claras. Si bien existe un pulso entre la vieja guardia compuesta por los dirigentes históricos de la OLP que vivieron en el exilio y condujeron las negociaciones con Israel y una nueva guardia de dirigentes locales a los que les ha correspondido organizar la Intifada; no existe certeza sobre que pasaría después de Arafat. Si éste desapareciera súbitamente sería sustituido por un periodo de sesenta días -de acuerdo a la ley palestina- por Abu Ala, presidente de la Asamblea Palestina a quien se considera “blando” frente a Israel. Pasado ese lapso empezaría una lucha por el poder con resultados inciertos entre dirigentes como Mohamed Dahlan, jefe de los servicios de seguridad de Gaza; Marwan Barghouti o Jibril Rajoub, estos últimos dirigentes de Al-Fatah, el partido de Arafat. La legitimidad de la vieja guardia viene del reconocimiento dado por Israel y de los acuerdos de Oslo. La nueva guardia cifra su legitimidad en la “calle” y en su cuestionamiento a la corrupción que hay en la AP. Sin embargo, ninguno de los dirigentes de estas dos alas del movimiento palestino están a la altura de Arafat, ni podrían garantizar el control político que éste ha consolidado en cincuenta años de lucha. Nunca como antes se había estado tan lejos de un acuerdo entre palestinos e israelíes. Si bien a Arafat se le pueden atribuir muchos defectos, especialmente en cuanto a su conducción del proceso de paz, un cambio precipitado en la conducción palestina podría ser muy peligroso. Cualquier cambio deberá ser objeto de la decisión de los propios palestinos en el marco de un Estado soberano y democrático.
contacto | artículos de Sergio Moya Mena | enlaces | Altermundo articulos | filosofía de Abya Yala | consejo editorial | pueblos originarios © wiphala.org - San José, Costa Rica. Apartado postal 109-7050 Cartago
|