Diálogo y consenso

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

Historiador

Tomado de Universidad

El político y pensador socialcristiano don Arístides Calvani, daba la siguiente definición de lo que es el consenso: "es un acuerdo, con el que nadie esta totalmente de acuerdo, pero contra el cual nadie quiere hacer valer su desacuerdo, porque está convencido que el acuerdo logrado, es el optimo alcanzable, dentro del desacuerdo".Llegar a tal estado de consenso, requiere altas dosis de diálogo, paciencia y tiempo, pero sobre todo, tener la entereza  de aceptar que, dialogar, no significa solo escuchar a la otra parte, para luego imponer mi íntegro criterio.
Costa Rica ha sido la democracia del consenso. Desde los días de la independencia, eso es lo que ha imperado como carácter nacional, mentalidad colectiva y ser nacional. Los  ignorantes, todavía dicen que somos independientes porque en 1821 nos llegó sin luchar por ella, sin darse cuenta que, las luchas ideológicas de Osejo y Lombardo en las Juntas de Legados de los Ayuntamientos y de los Pueblos; nos permitieron un diálogo franco que facilitó la creación de nuestra base democrática y el respeto, desde el principio, del principio de legalidad y del orden constitucional.
Desde aquel momento, a lo largo de este casi bicentenario estado, hemos vivido grandes logros porque se ha sabido dialogar y llegar a consensos; también cuando nos hemos apartado de ese camino, el dolor y la sangre nacional derramada, han enlutado el espíritu nacional y a la familia costarricense.
Hoy estamos ante la encrucijada: consenso o imposición. Muchos se quejan de la lentitud del consenso; si, es más fácil el camino de la imposición. No puede haber consenso cuando se dice que pretender cambiar el texto de  un tratado es tan difícil, que  sería más fácil variar los 10 mandamientos; ahí quedó cerrada la vía  del consenso. Igual se cierra si, la otra parte, como reacción, no acepta otra posibilidad  que el retiro total del proyecto de tratado, por ejemplo. Son líneas paralelas, que nunca llegarán a juntarse; son aparentemente intereses diferentes, incapaces de ver más allá de su propia posición.
Si a lo anterior le agregamos el papel que están jugando los medios de comunicación, la situación se torna tormentosa. Alguno, vela en mano, en vez de alumbrar el camino del diálogo efectivo, atiza la hoguera de la discordia al deslegitimar y  desautorizar con palabras y frases hirientes, a los que adversan el TLC, como si él tuviera alguna legitimación- democrática para hacerlo; o bien promocionan espacios  televisivos en sus noticieros, con "no se que" intenciones, salvo aquella evidente de respaldar el TLC, pero sin dejar espacio para la riposta y, por lo tanto, la creación de una opinión pública objetiva e inteligente.
Esto lleva a la polarización, antípoda del consenso que ha distinguido al costarricense. Cuidado gobernantes,  empresarios, estudiantes, sindicalistas, políticos, ¡cuidado todos los costarricenses! Nos llevan muy cerca de un punto de colisión peligroso; lo que resulte contra la paz social, debemos achacarlo  a quienes cerraron el camino del consenso histórico costarricense; no se si será culpa de quien lance la primera piedra o encendió los odios nacionales con acuerdos de media noche, o vela y cámara en mano, del que puso la lápida con los diez mandamientos como protección del texto del TLC, o los que negociaron a puertas cerradas y de espaldas al Presidente de turno, o de los que, solapadamente también, quieran defender sus privilegios.
Personalmente, y ante la decisión ciudadana de tomar criterio con respecto al TLC, definitivamente no me parece conveniente su aprobación, no tanto por lo que de él se ha dicho, si no por lo que se mantiene oculto, ya que indudablemente verdadero diálogo transparente y constructivo, no ha habido.   Creo  que de desfilar el lunes 26 de febrero, lo haría para protestar en contra de los que están a favor y en contra del TLC; pues todos han cerrado el camino real, serio y señero del diálogo y consenso… a la tica, si señores, a la tica, dicho con orgullo y conocimiento de lo que ello, en verdad, significa

 

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