LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL DE AFRICA Sergio Moya Mena El Heraldo 3-2-2001 Hace 25 años solos tres jefes de estado africanos eran electos democráticamente. En el año 2001, 32 de los 54 jefes de estado han sido electos libremente. Recientemente la tendencia a la democratización y a la constitución de gobiernos respetuosos de los derechos humanos ha continuado con la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de Zimbabwe y las recientes elecciones en Ghana, que pusieron fin a 20 años de gobierno del teniente Jerry Rawlings. Sin embargo, esta tendencia se ve fuertemente amenazada por un fenómeno que amenaza toda la estabilidad del continente: la guerra civil en la República Democrática del Congo RDC, a la que algunos analistas llaman la “Primera Guerra Mundial de África”. Nueve grupos guerrilleros congoleses y diez países de la región están involucrados militarmente con más de 35000 soldados en este conflicto, que ya ha costado la vida de decenas de miles de personas. Una pugna que se ve ahora agravada por el asesinato del presidente Laurent Désiré Kabila. Durante años, este país ha sido foco de conflictos militares y tribales. Después de la independencia de Bélgica y el asesinato del líder independentista Patrice Lumumba en 1961, el país fue sometido a un saqueo sistemático de sus enromes riquezas naturales de diamantes, oro, petróleo y uranio por el dictador Mobuto Sese Seko, quien con el apoyo de los Estado Unidos, gobernó durante 32 años, amasando un afortuna personal de 10 billones de dólares mientras el Congo se convertía en uno de los 25 países más pobres del mundo. Durante la Guerra Fría, Mobuto se constituyó en una pieza estratégica para los Estados Unidos en la contención del comunismo en la región. Pero con el rompimiento del orden bipolar, Mobuto dejó de tener importancia y la Administración Clinton le retiró el apoyo. Circunstancia que fue aprovechada por Laurente Kabila, -antiguo compañero de armas del Che Guevara cuando ambos combatían contra Joseph Kasavuvu,- para derrotar a Mobuto al frente de una heterogénea coalición de grupos políticos y étnicos entre los que predominaban los hutus del este del país. No obstante que Kabila y su Alianza de Fuerzas Democráticas para la liberación del Congo ADFL, prometieron elecciones libres, en 1999 se prohibieron los partidos políticos y se inició una sistemática violación de los derechos humanos de los opositores políticos. Esta situación provocó el alzamiento armado de varios grupos guerrilleros contra el gobierno de Kinshasa. Alzamiento que fue seguido por el involucramiento de varios países de la región que perseguían una amplia gama de intereses. Rwanda y Uganda, que en su momento habían apoyado a Kabila en su lucha contra Mobuto, se aliaron ahora con los rebeldes, como un medio para combatir a las sus propias minorías de la étnia Hutu en a frontera con la RDC. Del lado del Gobierno de Kinshasa, Angola se alió a Kabila para contrarrestar la presencia de las guerrillas derechistas de la UNITA. Namibia por su parte, intervino por “solidaridad” con Angola. Zimbawe se involucró para satisfacer la megalomanía de su presidente Robert Mugabe de convertirse en “líder regional”, sin mencionar las concesiones de explotación de minas de diamantes que han obtenido muchos generales de ese país. El militarismo étnico parece ser uno de los factores que atizan el conflicto. Solo en la RDC existen más de 450 tribus y 400 partidos políticos cuyos intereses étnicos amanezan la integridad del país. Esta parece ser una de las “herencias malditas” de Mobuto, quien siempre se preocupó de mantener divididos a sus enemigos políticos. A pesar de que en el verano de 1999 se firmaron los Acuerdos de Cese al Fuego de Lusaka entre el gobierno y los grupos rebeldes, éstos han fracasado por la ausencia de liderazgo de todos los sectores que no cumplieron los compromisos acordados y fundamentalmente porque Kabila continuó desarrollando nuevas ofensivas militares. La tragedia de la Primera Guerra Mundial de África representa un enorme lastre para el porvenir del continente, amenazando a la región a quedar excluida –una vez más- de los procesos del desarrollo económico y social y la integración, perpetuando unos niveles de miseria colosales. En esta crisis ha sido notoriamente evidente la falta de interés y voluntad política de la Unión Europea y los Estado Unidos por propiciar una solución al conflicto. Este último país si bien ha suspendido su ayuda a la RDC ha mantenido su colaboración con Rwanda y Uganda que son partes beligerantes en el conflicto, actitud que difícilmente contribuirá e una solución al problema. Paradójicamente la muerte de Laurent Kabila puede representar una nueva oportunidad para la paz. Su hijo Joseph, quien lo ha sucedido en la dirigencia del gobierno se ha mostrado anuente a buscar la reconciliación nacional, revitalizando los acuerdos de Lusaka y eventualmente organizando elecciones libres. No obstante esto no bastará para una paz definitiva. Es imprescindible la retirada de todos los ejércitos extranjeros y la desmovilización y desmilitarización de los grupos rebeldes, proceso que debe ser vigilado por una fuerza especial de Naciones Unidas y por la reactivación del proceso de Diálogo Inter-Congolés que había venido promoviendo el ex presidente de Botswana Ketumile Masire y que había sido vetado por Kabila. Hace 40 años los padres de las modernas naciones africanas como Julius Nyerere, Kwame Nkrumah, Gamal Abdel Nasser y Sékou Touré predicaban la unidad africana como condición fundamental para la plena independencia y el desarrollo del continente. Hoy en día la misma aspiración requiere erradicar los integrismos tribales y regionalistas que han provocado tragedias como la del Congo.
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